Mostrando entradas con la etiqueta El evangelio de la paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El evangelio de la paz. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de marzo de 2011

EL MINISTERIO DE LA RECONCILIACIÓN

INTRODUCCIÓN

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradles con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismos, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).

RECONCILIACIÓN ENTRE DIOS Y EL SER HUMANO

1. Aunque éramos sus enemigos, ¿qué gran obra realizó por medio de Jesucristo para nosotros? Romanos 5:10, 11.

“Jesús era la majestad del cielo, el amado comandante de los ángeles, quienes se complacían en hacer la voluntad de Él. Era uno con Dios ‘en el seno del Padre’ (Juan 1:18), y sin embargo no pensó que era algo deseable ser igual a Dios mientras el hombre estuviera perdido en el pecado y la desgracia. Descendió de su trono, dejó la corona y el cetro reales, y revistió su divinidad con humanidad. Se humilló a sí mismo hasta la muerte de cruz para que el hombre pudiera ser exaltado a un sitial con Cristo en su trono. En Él tenemos una ofrenda completa, sin sacrificio infinito, un poderoso Salvador, que puede salvar hasta lo último a todos los que vienen a Dios por medio de Él. Con amor, viene a revelar al Padre, a reconciliar al hombre con Dios, a hacerlo una nueva criatura, renovada de acuerdo con la imagen de Aquel que lo creó” (Maravillosa Gracia, pág. 161).

2. Como consecuencia de esta reconciliación, ¿qué ministerio nos ha confiado? 2 Corintios 5:18-20.

“Dice el apóstol: ‘Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a si’ (2

Cor. 5: 19.) Únicamente mientras contemplamos el gran plan de la salvación podemos apreciar correctamente el carácter de Dios. La obra de la creación

era una manifestación de su amor; pero el don de Dios para salvar a la familia culpable y arruinada, es lo único que nos revela las profundidades infinitas de la ternura y compasión divina. ‘Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16.) A la par que se mantiene la ley de Dios, y se vindica su justicia, el pecador puede ser perdonado. El más inestimable don que el cielo tenia para conceder ha sido dado para que Dios ‘sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús’ (Rom. 3:26). Por este don, los hombres son levantados de la ruina y degradación del pecado, para llegar a ser hijos de Dios. Dice Pablo: ‘Habéis recibido, el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre’ (Rom. 8:15)” (Joyas de los Testimonios, tomo

2, pág. 337).

“Oh, qué amor! ¡Qué asombroso amor fue el que trajo al Hijo de Dios a la tierra para que fuese hecho pecado por nosotros a fin de que pudiésemos con Dios y elevados a vivir con él en sus mansiones de gloria! ¡Oh, qué es el hombre para que se hubiese de pagar un precio tal por su redención!” (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 229).

RECONCILIACIÓN ENTRE SERES HUMANOS

3. Si Jesús debió hacer tan gran obra para reconciliar al mundo con Dios, ¿qué debemos hacer nosotros con los seres humanos? Lucas 17:3, 4.

“Si tus hermanos yerran debes perdonarlos. Cuando vienen a ti confesando sus faltas, no debes decir: No creo que sean lo suficientemente humil- des. No creo que sientan su confesión. ¿Qué derecho tienes para juzgarlos, como si pudieras leer el corazón? La Palabra de Dios dice: ‘Si se arrepintiera, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale’. Y no sólo siete veces, sino setenta veces siete, tan frecuentemente como Dios te perdona.

“Nosotros mismos debemos todo a la abundante gracia de Dios. La gracia en el pacto ordenó nuestra adopción. La gracia en el Salvador efectuó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra exaltación a ser coherederos con Cristo. Sea revelada esta gracia a otros” (Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 196).

4. Como hijos de Dios, ¿qué debemos hacer al mismo tiempo que nos presentamos ante el altar y confesamos nuestros peca- dos? ¿Debemos esperar que alguien venga a nosotros antes de tomar la iniciativa? Mateo 5:23, 24; Marcos 11:25; Mateo 18:15.

“Muchos son celosos en los servicios religiosos, mientras que entre ellos y sus hermanos hay desgraciadas divergencias que podrían reparar. Dios exige de ellos que hagan cuanto puedan para restaurar la armonía. Antes que hayan hecho esto, no puede aceptar sus servicios. El deber del cristiano en este asunto está claramente señalado” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 278).

“…si estás triste porque tus vecinos o amigos hacen algo que redunda en un mal para ellos, si son cogidos en falta, sigue la regla bíblica. ‘... repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano’ Mat. 18:15. Cuando tengan que ver con alguien que se supone ha cometido una falta, traten de hablarle con un espíritu apacible y humilde, porque la ira del hombre no provoca la justicia de Dios. Los que yerran no pueden ser restaurados sino mediante un espíritu humilde y bondadoso, y tierno amor. Sean cuidadosos en su manera de hablar. Eviten en la actitud y el gesto, en las palabras o el tono de voz, todo lo que tenga sabor a orgullo y suficiencia propia. Guárdense de toda palabra o actitud que tienda a exaltarlos a sí mismos o a poner su bondad y su justicia en contraste con las faltas de los demás. Cuídense hasta de lo que remotamente podría parecer desdén, desconsideración o desprecio. Eviten con cuidado toda apariencia de enojo y, aunque tengan que emplear un lenguaje franco, cuiden que no haya reproches, acusaciones tajantes o manifestaciones de ira. Por el contrario, revelen siempre un ferviente amor. Por sobre todo, que no haya ni sombra de odio o mala voluntad, ni amargura ni dureza en la expresión. Nada sino bondad y dulzura pueden emanar de un corazón lleno de amor… Recuerden que el éxito de la reprensión depende en gran medida del espíritu con que se la da. No descuiden la ferviente oración…” (Cada Día con Dios, pág. 106).

COMO DIOS NOS PERDONA

5. ¿Cómo debemos perdonar a nuestro hermanos y hermanas en la fe? ¿Qué sucederá con nuestros pecados si perdonamos de buena voluntad y con amor? Efesios 4:32; Lucas 6:36; Mateo

6:14, 15.

“Sea la ternura y misericordia que Jesús reveló en su preciosa vida un ejemplo de la manera en que nosotros debemos tratar a nuestros semejantes.... Los que yerran no pueden ser restaurados de otra manera alguna que por el espíritu de mansedumbre, amabilidad y tierno amor (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 256).

“En todas vuestras transacciones con el prójimo, nunca olvidéis que estáis tratando con la propiedad de Dios; sed bondadosos, misericordiosos y corteses. Respetad la posesión comprada por Dios. Trataos unos a los otros con ternura y cortesía.

“Si tenéis enemistad, sospecha, envidia y celos en vuestros corazones, tenéis una obra por hacer para poner estas cosas en orden; confesad vuestros pecados y estableced la armonía con vuestros hermanos. Hablad bien de ellos. No pronunciéis indirectas desfavorables ni sugestiones que despierten la desconfianza en la mente de otros. Preservad su reputación como algo sagrado como desearíais que hicieran con la vuestra; amadlos como queréis ser amados por Jesús” (My Life Today, pág. 235).

6. ¿Podremos llevar un verdadero mensaje de reconciliación al mundo si no estamos reconciliados con nuestros hermanos y hermanas? Lucas 6:42.

“El culpable del mal es el primero que lo sospecha. Trata de ocultar o disculpar el mal de su propio corazón condenando a otro.... Jesús ordena que antes de intentar corregir a los otros, el acusador eche la viga de su propio ojo, renuncie al espíritu de crítica, confiese su propio pecado y lo abandone.

‘No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto’. El espíritu acusador que abrigáis es fruto malo; demuestra que el árbol es malo.... Debemos ser buenos antes que podamos obrar el bien. No podemos ejercer una influencia transformadora sobre otros hasta que nuestro propio corazón haya sido humillado, refinado y enternecido por la gracia de Cristo. Cuando se efectúe ese cambio en nosotros, nos resultará natural vivir para beneficiar a otros, así como es natural para el rosal producir sus flores fra- gantes o para la vid sus racimos morados” (El Discurso Maestro de Jesucristo, págs. 108, 109).

COMUNIÓN FRATERNAL

7. ¿Qué nivel de armonía alcanzó la iglesia de Jerusalén en tiempos apostólicos? ¿Cuál era el fruto bendito cada día? Hechos

2:42, 46, 47; Efesios 4:1-4.

“El apóstol exhorta a sus hermanos a manifestar en su vida el poder de la verdad que les había presentado. Con mansedumbre y bondad, tolerancia y amor, debían manifestar el carácter de Cristo y las bendiciones de su salvación. Hay un solo cuerpo, un Espíritu, un Señor, una fe. Como miembros del cuerpo de Cristo, todos los creyentes son animados por el mismo espíritu y la misma esperanza. Las divisiones en la iglesia deshonran la religión de Cristo delante del mundo, y dan a los enemigos de la verdad ocasión de justificar

su conducta. Las instrucciones de Pablo no fueron escritas solamente para la iglesia de su tiempo. Dios quería que fuesen transmitidas hasta nosotros.

¿Qué estamos haciendo para conservar la unidad en los vínculos de la paz?” (Testimonios Selectos, tomo 4, pág. 51).

“Cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre la iglesia primitiva, los hermanos se amaban unos a otros... Los cristianos primitivos eran pocos en número, y no tenían riquezas ni honores; sin embargo, ejercieron una poderosa influencia. La luz del mundo resplandecía por medio de ellos. Aterrorizaban a los que hacían mal, dondequiera que se conocían su carácter y sus doctrinas. Por esta causa, eran odiados de los impíos, y perseguidos aún hasta la muerte” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 81).

8. ¿Qué necesitamos nosotros para alcanzar la comunión fraternal de la iglesia apostólica? 1 Juan 1:7.

“Cristo y su palabra están en perfecta armonía. Cuando ésta es recibida y obedecida, abre un sendero seguro para los pies de todos aquellos que desean caminar en la luz como Cristo está en la luz. Si el pueblo de Dios apreciara su palabra, tendríamos el cielo en la iglesia aquí abajo” (Testimonies for the Church, tomo 8, pág. 193).

“El Señor, en su palabra, nos ha dado instrucciones definitivas, inequívocas, y por medio de la obediencia a éstas podemos preservar la unión y armonía en la iglesia. Hermanos y hermanas, ¿prestáis atención a los mandatos divinos? ¿Sois lectores de la Biblia y hacedores de la palabra? ¿Lucháis por cumplir con la oración de Cristo de que sus seguidores fueran uno? ‘El Dios de la paciencia y la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir en Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Senor Jesucristo’. ‘Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros’” (Testimonies for the Church, tomo 5, pág. 248).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: GOLPEADO, HERIDO, Y PRONTO PARA PERDONAR

Un día, un hombre le arrojó una piedra a un perro para alejarlo, pero inmediatamente comprendió que el resultado fue verdaderamente inesperado. El golpe tocó el objetivo, e hirió al pobre animal en una pata. Sin embargo, ¿cuál fue la reacción de la víctima? En lugar de huir, el perro fue cojeando hasta donde estaba la persona y le lamió la mano con la que había arrojado la piedra.

Al ver la conmovedora reacción del animal, el hombre comprendió las palabras de Jesús y dijo: “Este perro me ha predicado un sermón como ningún

predicador lo ha hecho jamás. No he encontrado en ningún ser humano la voluntad de perdonar a su enemigo como en este perro”.

En época de Jesús, las personas que eran injuriadas reaccionaban dando un golpe en la mejilla del adversario con la mano izquierda para expresarle su descontento. Para la persona golpeada esto era un gesto ofensivo y doloroso.

¡Cómo se sorprendieron cuando oyeron las palabras de Jesús: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha vuélvele también la otra!” De esta manera, Jesús trató de decir que no tenemos que vengarnos, sino mostrar una buena disposición y perdonar devolviendo bien por mal.

El mundo moderno necesita ver en cada ser humano la imagen del Reden- tor. Debemos ser un pueblo que trabaja por la paz. A toda hora debemos mostrar una buen disposición del corazón para perdonar a todos los que son irracionales y provocadores. ¿Damos pruebas de tener un comportamiento calmado y pacífico como el de Jesús?

USANDO INSTRUMENTOS DE PAZ

INTRODUCCIÓN

“…antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios… En palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra” (2 Corintios 6:4,7).

INVOLUCRADOS EN UNA BATALLA ESPIRITUAL

1. Con el fin de poder afrontar el tenebroso poder del diablo y obtener la victoria, ¿qué se requiere de nosotros? Efesios 6:10,11; Romanos 13:12.

“Si resistimos las pruebas y logramos triunfar sobre las tentaciones de Satanás, entonces soportaremos la prueba de nuestra fe, la cual es más preciosa que el oro, y quedaremos más fuertes y mejor preparados para sobrellevar pruebas ulteriores. Pero si nos acobardamos y cedemos a las tentaciones de Satanás, nos volveremos más débiles, no recibiremos recompensa por la prueba, y no estaremos tan bien preparados para resistir lo que nos sobre- venga después. Así nos iremos debilitando cada vez más, hasta que Satanás nos lleve cautivos a su voluntad. Debemos llevar puesta la completa arma- dura de Dios, y estar listos en todo momento para sostener el conflicto con las potestades de las tinieblas. Cuando nos asalten las tentaciones y las pruebas, acudamos a Dios para luchar con Él en oración. No dejará que volvamos vacíos, sino que nos dará fortaleza y gracia para vencer y quebrantar

el poderío del enemigo. ¡Ojalá que todos viesen estas cosas en su verdadera luz y soportasen las fatigas como buenos soldados de Jesús! Entonces Israel podría seguir adelante, confortado en el Señor y en la potencia de su fortaleza” (Primeros Escritos, pág. 47).

2. Como hijos de Dios, ¿entramos en guerra con una o la otra nación? ¿Qué tipo de lucha es la nuestra? Efesios 6:12; 2 Corintios 10:3, 4.

“La vida del cristiano es una lucha. Pero ‘no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes’. En este conflicto de la justicia contra la injusticia, sólo podemos tener éxito mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe ser sometida a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la divina. Esto traerá al Espíritu Santo en ayuda nuestra, y cada conquista tenderá a la recuperación de la posesión comprada por Dios, a la restauración de su imagen en el alma” (Mensajes para los Jóvenes, pág. 53).

“No obstante, aun en este caso, como en muchos otros, se comprobó la veracidad de la afirmación de Pablo; que las armas de nuestra milicia son

‘poderosas en Dios para la destrucción de fortaleza’ (2 Cor. 10:4) Aun en la misma casa de Nerón fueron ganados trofeos para la cruz. De entre los viles siervos de un rey aun más vil, se ganaron conversos que llegaron a ser hijos de Dios. No eran cristianos secretos, sino que profesaban su fe abiertamente y no se avergonzaban” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 370).

“Sabía [Pablo] que a cada paso del camino cristiano se les opondría la sinagoga de Satanás, y que tendrían que empeñarse diariamente en conflictos. Tendrían que guardarse contra el acercamiento furtivo del enemigo, rechazar los viejos hábitos e inclinaciones naturales, y velar siempre en oración. Pablo sabía que las más valiosas conquistas cristianas pueden obtenerse solamente mediante mucha oración y constante vigilancia, y trató de inculcar esto en sus mentes. Pero sabía también que en Cristo crucificado se les ofrecía un poder suficiente para convertir el alma y divinamente adaptado para permitirles resistir todas las tentaciones al mal. Con la fe en Dios como su armadura, y con su Palabra como su arma de guerra, serían provistos de un poder interior que los capacitaría para desviar los ataques del enemigo” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 248).

USANDO LAS ARMAS DADAS POR DIOS

3. Considerando que nuestra lucha es espiritual, ¿que arma- dura especial debemos llevar para poder resistir los ataques del diablo? Efesios 6:13; Santiago 4:7.

“En cada alma luchan activamente dos poderes en procura de la victoria. La incredulidad ordena sus fuerzas, guiada por Satanás, para separarnos de la Fuente de nuestra fortaleza. La fe ordena las suyas, dirigidas por Cristo, el Autor y Consumador de nuestra fe. El conflicto continúa hora a hora ante la vista del universo celestial. Esta es una batalla cuerpo a cuerpo, y el gran interrogante es: ¿Quién obtendrá el dominio? Cada uno debe decidir por sí mismo este asunto. Todos deben tomar parte en esta lucha, peleando en un bando o en el otro. En este conflicto no hay tregua... Se nos urge a prepararnos para esta acción. ‘Confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo’. La advertencia se repite: ‘Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes’” (Hijos e Hijas de Dios, pág. 331).

EL CINTO Y LA CORAZA DE DIOS

4. ¿Qué necesitamos básicamente como un cinto fuerte?

¿Podemos sentirnos seguros, si como lo hizo Saúl, consultamos las enseñanzas y forma de pensar humanas? Efesios 6:14 (última parte); Isaías 11:5.

“Aferrémonos a la veracidad con mano firme, y sea ella parte de nuestra vida. Practicar el disimulo y jugar al tira y afloja con la verdad, para acomodar los planes egoístas de uno, significa provocar el naufragio de la fe. ‘Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad’ (Efe. 6:14.) El que declara falsedades, vende su alma a bajo precio. Sus mentiras pueden parecerle útiles en casos de apuro; de esta manera le parecerá que adelanta en sus negocios como no podría hacerlo mediante un proceder correcto, pero llega finalmente al punto en que no puede confiar en nadie. Al ser él mismo un falsario, no tiene confianza en la palabra de otros” (Los Hechos de los Apóstoles, págs. 63, 64).

“Continuamente se esgrimirán teorías para apartar la mente y desarraigar la fe. Los que participaron en el desarrollo de las profecías, han llegado a ser lo que son actualmente, adventistas del séptimo día, mediante esas profecías. Deben permanecer firmes, con sus lomos ceñidos con la verdad, y revestidos con toda la armadura. Los que no han tenido esta experiencia, tienen el privilegio de retener con la misma confianza el mensaje de la verdad. La verdad que Dios se ha complacido en dar a su pueblo no debilitará su con- fianza en la senda por la que Él los ha conducido en el pasado, sino que los fortalecerá para permanecer firmes en la fe. Debemos mantener firme hasta el fin aquello que constituyó el comienzo de nuestra confianza” (Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 132).

5. ¿Qué tipo de don divino necesitamos para afrontar el pecado en todas sus formas? Según el contexto, ¿cuál es la función de la justicia de Dios que nos es imputada? Efesios 6:14 (segunda parte), 1 Tesalonicenses 5:8 (primera parte); Isaías 59:17; 2 Corintios 6:7.

“Estamos empeñados en una guerra, no contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades, y contra malicias espirituales en lo alto. En el conflicto de la vida, debemos hacer frente a los agentes malos que se han desplegado contra la justicia. Nuestra esperanza no se concentra en el hombre, sino en el Dios vivo. Con la plena seguridad de la fe, podemos contar con que Él unirá su omnipotencia a los esfuerzos de los instrumentos humanos, para gloria de su nombre. Revestidos de la armadura de su justicia, podemos obtener la victoria contra todo enemigo” (Profetas y Reyes, págs. 82, 83).

“Revestida de la armadura de la justicia de Cristo, la iglesia entrará en su conflicto final. ‘Hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden’ (Cant. 6:10), ha de salir a todo el mundo, vencedora y para vencer.

“La hora más sombría de la lucha que sostiene la iglesia con las potencias del mal, es la que precede inmediatamente al día de su liberación final. Pero nadie que confíe en Dios necesita temer; porque si bien ‘el ímpetu de los vio- lentos es como turbión contra frontispicio’, Dios será para su iglesia ‘amparo contra el turbión’ (Isa. 25: 4)” (Patriarcas y Profetas, pág. 536).

CALZADO Y ESCUDO RECIBIDOS DE DIOS

6. ¿Podemos prepararnos de la manera que queremos o nuestra preparación debe coincidir absolutamente con la palabra inspirada? ¿Qué tipo de mensaje y experiencia es esta? Efesios 6:15; Isaías 52:7; Hechos 10:36.

“La verdad puesta a prueba en este tiempo no es fabricación de la mente humana, sino que es de Dios. Es genuina filosofía para los que se posesionan de ella. Cristo se encarnó para que nosotros, por creer la verdad, podamos ser santificados y redimidos. Que aquellos que tienen la verdad en justicia se levanten y avancen, calzados con el apresto del evangelio de la paz, para proclamar la verdad a aquellos que no la conocen. Que hagan senderos rectos para sus pies para que los cojos no se salgan del camino” (Testimonies for the Church, tomo 8, págs. 211, 212).

“Hermanos y hermanas, ¿os pondréis la armadura cristiana? ‘Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz’, estaréis preparados para ir de una casa a otra, llevando la verdad a la gente. A veces encontraréis que es penoso hacer esta clase de obra; pero si salís con fe, el Señor irá delante de vosotros, y hará que su luz brille sobre vuestro sendero. Entrando en los hogares de vuestros vecinos para vender o para dar nuestras publicaciones y con humildad enseñarles la verdad, os veréis acompañados por la luz del cielo, que permanecerá luego en estos hogares” (El Evangelismo, pág. 89).

7. ¿Qué debemos tomar para salir victoriosos en cada batalla espiritual y ser como los héroes en Hebreos 11? Efesios 6:16; 1 Pedro 5:8, 9; 1 Juan 5:4.

“Pregunté al ángel por qué no había más fe y poder en Israel. Me respondió:

‘Soltáis demasiado pronto el brazo del Señor. Asediad el trono con peticiones, y persistid en ellas con firme fe. Las promesas son seguras. Creed que vais a recibir lo que pidáis y lo recibiréis’. Se me presentó entonces el caso de Elías, quien estaba sujeto a las mismas pasiones que nosotros y oraba fervorosa- mente. Su fe soportó la prueba. Siete veces oró al Señor y por fin vió la nube- cilla. Vi que habíamos dudado de las promesas seguras y ofendido al Salvador con nuestra falta de fe. El ángel dijo: ‘Cíñete la armadura, y, sobre todo, toma el escudo de la fe que guardará tu corazón, tu misma vida, de los dardos de fuego que lancen los malvados’” (Primeros Escritos, pág. 74).

“Satanás está ocupado en todo momento, yendo de aquí para allá en la tierra, buscando a quien devorar. Pero la ferviente oración de fe frustrará sus esfuerzos más arduos. Embrazad, pues, hermanos, ‘el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno’ (Efe. 6: 16)” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 107).

EL YELMO, LA ESPADA Y LA VICTORIA ESPIRITUAL

8. ¿Hay otros instrumentos defensivos y cortantes que necesitamos usar en nuestra batalla espiritual para obtener la victoria? Efesios 6:17, 18; 1 Tesalonicenses 5:8 (segunda parte); Hebreos 4:12.

“Cuando los siervos de Cristo tornan el escudo de la fe para defenderse, y la espada del Espíritu para la guerra, hay peligro en el campamento del enemigo” (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 158, 159).

“Es verdad que nuestra guerra es agresiva, pero nuestras armas deben basarse en un claro ‘Así dice Jehová’. Nuestra obra consiste en preparar un pueblo que subsista en el gran día de Dios. No debemos desviarnos y entrar en cosas que estimularán la controversia, ni despertar antagonismo en los que no son de nuestra fe” (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 46).

“Temo que no exista la fe que es esencial. ¿No nos fortaleceremos contra los chascos y la tentación a desanimarnos? Dios es misericordioso, y con la verdad que despierta regocijo y que purifica y ennoblece la vida, podemos hacer una obra buena y sólida para Dios. La oración y la fe harán maravillas. La Palabra debe ser nuestra arma de combate. Pueden obrarse milagros por medio de la Palabra; porque es provechosa para todas las cosas” (El Evagelismo, pág. 358).

9. ¿Qué confianza debemos tener si afrontamos nuestra batalla de la fe con estos instrumentos? 2 Timoteo 4:7, 8.

“Casi veinte siglos han pasado desde el momento cuando el anciano Pablo derramó su sangre para ser testigo de la Palabra de Dios y del verdadero testimonio de Cristo.... Como sonido de trompeta ha resonado su voz a través de las edades, infundiendo su propio valor a miles de testigos de Cristo, y despertando a miles de corazones angustiados con el eco de su propio clamor de triunfo: ‘Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida’ (2 Tim. 4:6-8)” (La Historia de la Redención, págs. 335, 336).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: AYUDANDO A LOS DEMÁS

Un día, un predicador dijo que había sido testigo de la salvación del sobreviviente de un naufragio, quien fue arrastrado por la corriente de un río. Finalmente, el hombre pudo aferrarse a una frágil rama que apenas lo podía sostener. Cuando vino su salvador y le arrojó una cuerda a la cual se podía aferrar, el hombre temió abandonar la rama que hasta entonces lo había sostenido. Por esta razón le gritaron: “Deja la rama y toma la cuerda que es suficientemente fuerte para sacarte nadando”. Finalmente, el hombre, temblando, abandonó la rama y para su sorpresa vio que en lugar de ahogarse, la cuerda, que era tirada por brazos vigorosos, no sólo lo mantuvo nadando, sino que lo acercó al lugar donde estaban sus salvadores, quienes estaban procurando ofrecerle toda la ayuda que necesitase.

Como Jesús ha sido el poderoso Salvador para todos nosotros, en este caso, la rama, las manos, los brazos, y la cuerda fueron los instrumentos usados para la salvación del sobreviviente. Jesús desea lo mismo para nosotros. Seamos pues instrumentos de paz y de esta manera seremos una gran bendición para el prójimo.

EXPIACIÓN E INTERCESIÓN

INTRODUCCIÓN

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él...” (2 Corintios 5:21).

LA LIMPIEZA DEL PECADO EN EL MINISTERIO LEVÍTICO

1. ¿Es el pecado una mancha que puede ser limpiada fácil- mente? ¿Qué se requiere para lograr su expiación y remisión? Levítico 17:11; Hebreos 9:22.

“Para muchos ha sido un misterio por qué se requerían tantas ofrendas de sacrificio en la dispensación antigua, por qué se llevaban tantas víctimas sangrantes al altar. Pero la gran verdad que se presentó al hombre para que imprimiera en su mente y en su corazón es ésta: ‘Sin derramamiento de sangre no se hace remisión’ (Heb. 9:22)” (La Maravillosa Gracia, pág. 155).

2. ¿Qué sacrificio debía realizarse ya en el Antiguo Testamento como símbolo del futuro Redentor? Levítico 16:30; 4:26.

“Cada sacrificio de animales anticipaba el supremo sacrificio del ‘Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’ (Juan 1:29)” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 471).

“Los judíos veían en las ofrendas de sacrificios el símbolo de Cristo, cuya sangre fue derramada por la salvación del mundo. Todas esas ofrendas eran para simbolizar a Cristo y para remachar la gran verdad en su corazón de que únicamente la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado, y sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. Algunos se preguntan por que Dios deseaba tantos sacrificios y estableció la ofrenda de tantas víctimas sangrantes en el sistema judío.

“Cada víctima que moría era un símbolo de Cristo, cuya lección era impresa en la mente y el corazón de la solemnísima y sacratísima ceremonia, y era explicada claramente por los sacerdotes. Los sacrificios fueron explícitamente diseñados por Dios mismo para enseñar esta grande e importante verdad, que sólo mediante la sangre de Cristo hay perdón de los pecados” (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 124, 125).

EL SUFRIMIENTO EN LA CRUZ POR NOSOTROS

3. Según el consejo de Dios, ¿qué tragedia debía sucederle a la persona de Jesús? 1 Pedro 1:20; Hechos 2:23; Lucas 24:46.

“Así luchó Satanás para ganar control sobre la mente humana, para des- cargar su odio y venganza sobre el unigénito Hijo de Dios. Pero el último acto de la tragedia no se había dado todavía. El Hijo de Dios debía aún ser muerto por los mayordomos infieles” (The Signs of the Times, 17 de febrero de 1898).

4. ¿Por qué debió sufrir tanto hasta el punto de morir en la cruz? 1 Juan 2:1, 2; Hebreos 2:17; Romanos 3:25.

“A fin de que el hombre fuera salvado y se mantuviera el honor de la ley, fue necesario que el Hijo de Dios se ofreciera a sí mismo como sacrificio por los pecados. El que no conoció pecado se hizo pecado por nosotros. Murió por nosotros en el Calvario. Su muerte muestra el admirable amor de Dios por el hombre y la inmutabilidad de su ley” (Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 282).

“‘Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; y Él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo’. ‘Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados y nos limpie de toda maldad’. Las condiciones para obtener la misericordia de Dios son sencillas y razonables. El Señor no requiere que hagamos algo doloroso a fin de obtener el perdón. No necesitamos hacer largas y cansadoras peregrinaciones o ejecutar penitencias penosas para encomendar nuestras almas a Él o para expiar nuestra transgresión. El que ‘confiesa y se aparta’ de su pecado alcanzará misericordia’ (Prov. 28:13)” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 441).

INTERCEDIENDO POR EL SER HUMANO

5. Después de haber sacrificado su vida para la expiación, ¿qué otro servicio pacífico debía desempeñar? Hebreos 7:25.

“Cristo puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a Él con fe. Si se lo permiten los limpiará de toda contaminación; pero si se aferran a sus pecados no hay posibilidad de que sean salvos, pues la justicia de Cristo no cubre los pecados por los cuales no ha habido arrepentimiento. Dios ha declarado que aquellos que reciben a Cristo como a su Redentor, aceptándolo como Aquel que quita todo pecado, recibirán el perdón de sus transgresiones” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7-A, pág. 373).

“Dominen vuestra mente las gloriosas concepciones de Dios. Enlácese vuestra vida con la de Cristo mediante recónditos eslabones. Aquel que ordenó que la luz brillara en las tinieblas, desea brillar en nuestro corazón, para daros la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. El Espíritu Santo tomará las cosas de Dios y os las mostrará, transfiriéndolas al corazón obediente cual vivo poder. Cristo os conducirá al umbral del Infinito. Podréis contemplar la gloria que refulge allende el velo, y revelar a los hombres la suficiencia de Aquel que siempre vive para interceder por nosotros” (Las Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 116).

6. Por lo tanto, ¿qué gran seguridad pueden tener, por lo tanto, los que están en paz con Dios? 1 Juan 4:10; Romanos 8:34.

“Gracias a Dios porque Aquel que derramó su sangre por nosotros vive para suplicar mediante ella, vive para interceder por cada alma que lo recibe.

‘Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad’. La sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Ella habla mejor que la sangre de Abel porque Cristo siempre vive para interceder por nosotros. Necesitamos tener siempre en cuenta la eficacia de la sangre de Jesús. Nuestra esperanza consiste en posesionarnos por fe viviente de esa sangre que limpia la vida y sostiene la vida. Necesitamos aumentar nuestro aprecio de su valor inestimable, pues tiene significado para nosotros solamente si por fe pedimos su virtud y mantenemos la conciencia limpia y en paz con Dios” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 960).

PODEMOS IMITAR AL JUSTO

7. ¿Quién es y permanece nuestra única propiciación en quien podemos tener esperanza? Hechos 4:12; 1 Timoteo 2:5, 6.

“El corazón pertenece a Jesús. Él ha pagado precio infinito por el alma, e intercede ante el Padre como nuestro Mediador, y ruega, no como un peticionante, sino como un conquistador que reclama lo que le pertenece. Es capaz de salvar hasta lo sumo, pues intercede constantemente por nosotros. El corazón joven es una ofrenda preciosa, el don más valioso que puede presentarse a Dios. Todo lo que sois y toda la habilidad que poseéis proceden de Dios, como legado sagrado que debe devolverse como ofrenda santa y voluntaria. No podéis dar a Dios nada que no os haya dado primero. Cuando se entrega el corazón a Dios, se le da, pues, un don que Él ha comprado y le pertenece” (Mensajes para los Jóvenes, pág. 405).

8. ¿Hacia quién debe estar dirigida nuestra mirada de fe para poder imitar en todo momento a nuestro Modelo? Hebreos

12:2; Salmos 25:15.

“Muchos cometen un grave error en su vida religiosa al mantener la atención fija en sus sentimientos para juzgar si progresan o si declinan. Los sentimientos no son un criterio seguro. No hemos de buscar en nuestro interior la evidencia de nuestra aceptación por Dios. No encontraremos allí otra cosa que motivos de desaliento. Nuestra única esperanza consiste en mirar a Jesús,

‘autor y consumador de nuestra fe’ (Heb. 12: 2, V.M.). En Él está todo lo que puede inspirarnos esperanza, fe y valor. Él es nuestra justicia, nuestro con- suelo y regocijo.

“Los que buscan consuelo en su interior se cansarán y desilusionarán. El sentimiento de nuestra debilidad e indignidad debe inducirnos a invocar con humildad de corazón el sacrificio expiatorio de Cristo. Al confiar en sus méritos, hallaremos descanso, paz y gozo. Él salva hasta lo sumo a todos los que se allegan a Dios por Él” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 60).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: BUSCANDO A LA PERSONA DIGNA DE SU AMOR

En uno de sus dramas, el poeta Calderón presenta a una joven romana del primer siglo del cristianismo quien se juró a sí misma casarse solamente con un hombre que le demostrara su amor poniendo su vida en peligro por ella.

La joven, que pertenecía a la nobleza romana, una vez oyó a un predicador ambulante quien por el camino anunciaba la historia de ese hombre que,debido a su amor por los pecadores, había dado su vida por su expiación, muriendo en la cruz.

Sintió que había encontrado al ser digno de su amor y se convirtió en una de sus fieles discípulas. El poeta cuenta que esta heroína, llamada Daría, llegó al punto de dar su vida como testimonio en el martirio. Esta fue una respuesta de todo corazón a Aquel que había muerto por ella.

EL CORDERO DE DIOS

NTRODUCCIÓN

“El pasaje de la Escritura que leía era este: ‘Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca’” (Hechos 8:32).

COMO UN CORDERO OBTUVO LA VICTORIA CONTRA EL PECADO

1. ¿Qué obra debe llevar a cabo la semilla de la mujer según la profecía evangélica? ¿Qué debía sufrir el Cordero para cumplir con esa gran obra? Génesis 3:15; 1 Pedro 1:19, 20; Apocalipsis 13:8.

“La primera indicación que el hombre tuvo acerca de su redención la oyó en la sentencia pronunciada contra Satanás; en el huerto. El Señor declaró: ‘Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar’ (Gén. 3: 15). Esta sentencia, pronunciada en presencia de nuestros primeros padres, fue una promesa para ellos. Mientras predecía la lucha entre el hombre y Satanás, declaraba que el poder del gran adversario sería finalmente destruido. Adán y Eva estaban como criminales ante el justo Juez, y aguardaban la sentencia que merecía su transgresión; pero antes de oír hablar de la vida de trabajo y angustia que seria su destino, o del decreto que determinaba que volverían al polvo, escucharon palabras que no podían menos que infundirles esperanza. Aunque habrían de padecer por efecto del poder de su gran enemigo, podrían esperar una victoria final” (Patriarcas y Profetas, pág. 52).

“A través de los largos siglos de ‘tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia’(Isa. 8:22) que distinguieron la historia de la humanidad, desde el momento en que nuestros primeros padres perdieron su hogar edénico hasta el tiempo en que apareció el Hijo de Dios como Salvador de los pecadores, la esperanza de la raza caída se concentró en la venida de un Libertador para librar a hombres y mujeres de la servidumbre del pecado y del sepulcro.

“La primera insinuación de una esperanza tal fue hecha a Adán y Eva en la sentencia pronunciada contra la serpiente en el Edén, cuando el Señor

declaró a Satanás en oídos de ellos: ‘Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar’ (Gén. 3:15)” (Profetas y Reyes, pág. 503).

2. ¿Qué era necesario que se sacrificara sobre el altar en los siglos anteriores a la venida de Jesús? Génesis 22:7,8; Éxodo 12:3, 6.

“Cada mañana y cada tarde, se ofrecía sobre el altar un cordero de un año, con las oblaciones apropiadas de presentes, para simbolizar la consagración diaria a Dios de toda la nación y su constante dependencia de la sangre expiatoria de Cristo. Dios les indicó expresamente que toda ofrenda presentada para el servicio del santuario debía ser ‘sin defecto’ Éxodo 12:5” (Patriarcas y Profetas, pág. 366).

“En los tiempos patriarcales, el ofrecimiento de sacrificios relacionados con el culto divino recordaba perpetuamente el advenimiento de un Salvador; y lo mismo sucedía durante toda la historia de Israel con el ritual de los servicios en el santuario. En el ministerio del tabernáculo, y más tarde en el del templo que lo reemplazó, mediante figuras y sombras se enseñaban diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a la venida de Cristo como Redentor, Sacerdote y Rey; y una vez al año se le inducía a contemplar los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, que eliminarán del universo el pecado y los pecadores” (Profetas y Reyes, págs. 504, 505).

SIN DECIR UNA PALABRA

3. ¿Qué carácter divino debía tener y manifestar el Cordero de Dios aún en medio de la peor oposición y amenazas? Isaías 53:7; Éxodo 12:5.

“Ni una palabra contestó Jesús a todo esto. [burlas]. Mientras se hundían los clavos en sus manos, y grandes gotas de sudor agónico brotaban de sus poros, los labios pálidos y temblorosos del Doliente inocente exhalaron una oración de amor perdonador en favor de sus homicidas: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen’ (Luc. 23:34). Todo el cielo contemplaba la escena con profundo interés. El glorioso Redentor del mundo perdido sufría la penalidad que merecía la transgresión de la ley del Padre, que había cometido el hombre. Estaba por redimir a su pueblo con su propia sangre. Estaba pagando lo que con justicia exigía la santa ley de Dios. Tal era el medio por el cual se había de acabar finalmente con el pecado, Satanás y su hueste” (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 226).

4. A pesar de las acusaciones falsas y la cruel tortura, ¿cómo debía ser su comportamiento? ¿Cómo fue en realidad? Isaías 53:5, 9; 1 Pedro 1:19, 21-23.

“Satanás lo atacó [a Cristo] en todo su sentido, sin embargo Cristo no pecó en pensamiento, palabra y acción. No hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Mientras caminaba en medio del pecado era santo, inocente e incontaminado. Fue acusado injustamente, sin embargo no abrió la boca para justificarte.

¿Cuántos hay ahora que cuando son acusados de algo de que no son culpables, creen que llega un momento cuando la paciencia deja de ser una virtud, y perdonando el control propio, pronuncia palabras que contristan al Espíritu Santo?” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 4, pág. 1170). “Cristo, se dio a sí mismo como sacrificio expiatorio, para salvar a un mundo perdido. Fue tratado como merecemos ser tratados nosotros, a fin de que pudiésemos ser tratados como Él merece serlo. Fue condenado por nuestros pecados, en los cuales no tuvo parte, a fin de que pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no participábamos nosotros. Sufrió la muerte que nos correspondía, a fin de que pudiésemos recibir su vida. ‘Por su llaga fuimos nosotros curados’ (Isa. 53:5)” (Joyas de los Testimonios, tomo 1,pág. 234).

“Cristo fue tentado en todo como nosotros por aquel que una vez estuvo fielmente a su lado en las cortes celestiales. Mirad al Hijo de Dios en el de- sierto de la tentación, en el momento de mayor debilidad, atacado por la más fiera tentación. Miradlo en los años de su ministerio, atacado por todas partes por las fuerzas del mal. Miradlo en su agonía en la cruz. Todo esto lo sufrió por nosotros” (Testimonies for the Church, tomo 8, págs. 208, 209).

EL EVANGELIO DE LA PAZ

5. ¿Qué testimonio dio Juan el Bautista sobre Jesús cuando lo vio venir hacia él? Juan 1:29, 36.

“Juan había quedado profundamente conmovido al ver a Jesús postrarse como suplicante para pedir con lágrimas la aprobación del Padre. Al rodearle la gloria de Dios y oírse la voz del cielo, Juan reconoció la señal que Dios le había prometido. Sabía que era al Redentor del mundo a quien había bautizado. El Espíritu Santo descendió sobre él, y extendiendo la mano, señaló a Jesús y exclamó: ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’.

“Nadie de entre los oyentes, ni aun el que las pronunció, discernió el ver- dadero significado de estas palabras, ‘el Cordero de Dios’. Sobre el monte Moria, Abrahán había oído la pregunta de su hijo: ‘Padre mío.... ¿Dónde está el cordero para el holocausto?’ El padre contestó ‘Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío’. Y en el carnero divinamente provisto en lugar de Isaac, Abrahán vio un símbolo de Aquel que había de morir por los pecados de los hombres” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 87).

6. ¿Qué maravillosa obra había hecho en favor de los seres humanos? Isaías 53:11; 1 Pedro 2:24.

“Los que andan como Cristo anduvo, los que son pacientes, amables, bondadosos, mansos y humildes de corazón, los que llevan el yugo con Cristo y las cargas de Él, los que suspiran por las almas como Él suspiró por ellas, éstos entrarán en el gozo de su Señor. Verán con Cristo el trabajo del alma del Redentor, y serán satisfechos. Triunfará el cielo, pues los puestos vacantes dejados en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles, serán llenados por los redimidos del Señor” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 961).

“Cristo anhela extender su dominio sobre toda mente humana. Él anhela imprimir su imagen y carácter en cada alma. Cuando estuvo en la tierra sintió hambre de simpatía y cooperación, a fin de que su reino se extendiese y abar- case al mundo entero. Esta tierra es su heredad comprada, y Él quiere que los hombres sean libres, puros y santos. ‘Habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza’. Su peregrinaje terrenal fue alegrado por el pensamiento de que su trabajo no sería en vano, sino que haría volver al hombre a la lealtad a Dios. Y hay todavía triunfos que alcanzar por la sangre derramada para el mundo, triunfos que reportarán gloria eterna a Dios y al Cordero. Los gentiles le serán dados por heredad, y los cabos de la tierra por posesión. Cristo verá el trabajo de su alma, y será satisfecho” (Obreros Evángelicos, pág. 29).

MUERTO Y VIVO, PRIMERO Y ÚLTIMO

7. ¿Cómo se presenta en distintas ocasiones, para darnos espe- ranza y consuelo? Apocalipsis 1:10,11, 17, 18; 2:8; 22:13.

“Todas las grandes verdades de las Escrituras se centralizan en Cristo; debidamente comprendidas todas conducen a Él. Preséntese a Cristo como el alfa y la omega, el principio y el fin del gran plan de redención. Presentad a la gente temas tales que fortalezcan su confianza en Dios y en su Palabra y la induzcan a investigar sus enseñanzas por sí misma. Y a medida que los hom- bres avancen paso a paso en el estudio de la Biblia, estarán mejor preparados para apreciar la hermosura y la armonía de estas preciosas verdades” (El Evangelismo, pág. 354).

8. ¿Cómo se le llama varias veces en Apocalipsis? ¿Por qué recibe este nombre? Apocalipsis 5:6; 7:10; 1:5.

“El Cordero de Dios es representado delante de nosotros como si estuviera en medio del trono de Dios. El es la gran ofrenda ritual por medio de la cual el hombre y Dios están unidos y en comunión. De esa manera se presenta a los seres humanos como sentados en los lugares celestiales en Cristo Jesús. Este es el lugar escogido para la reunión entre Dios y la humanidad” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 979).

“El Salvador se presenta ante Juan bajo los símbolos del ‘león de la tribu de Judá’ y de ‘un Cordero como inmolado’ (Apoc. 5:5, 6). Dichos símbolos re- presentan la unión del poder omnipotente con el abnegado sacrificio de amor. El león de Judá, tan terrible para los que rechazan su gracia, es el Cordero de Dios para el obediente y fiel. La columna de fuego que anuncia terror e ira al transgresor de la ley de Dios, es una señal de misericordia y liberación para los que guardan sus mandamientos. El brazo que es fuerte para herir a los rebeldes, será fuerte para librar a los leales. Todo el que sea fiel será salvo” (Los Hechos de los Apóstoles, págs. 471, 472).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: EL CÍRCULO DE LA ALEGRÍA

Un día, un agricultor fue a una casa y llamó a la puerta enérgicamente. Cuando su amigo abrió la pesada puerta de roble, el agricultor, sonriente, le ofreció un hermoso racimo de uvas.

“Amigo”, le dijo “¿sabes a quién quiero ofrecerle este racimo de uvas que es el mejor de mi viña?” “Quizá a alguien que vive en esta casa”. “No”, fue la respuesta, “quiero ofrecértelo a ti”. “¿A mí?” contestó el amigo ruborizándose de gozo. “¿Quieres dármelo justamente a mí?” “Si, porque tú siempre has sido muy buen amigo y me has ayudado cada vez que te lo he pedido. Quiero que este racimo de uvas sea motivo de alegría”.

El amigo tomó el racimo, lo colocó delante de su vista y lo admiró toda la mañana. Era realmente estupendo y en un cierto momento tuvo una idea: “¿Por qué no le doy este racimo a otra persona que vive en esta casa para darle una alegría también a ella?” Tomó el racimo y se lo llevó a esa persona, quien se sintió sinceramente feliz, pero que recordó que había una persona anciana y enferma en el edificio y pensó: “Le llevaré el racimo de uvas y así se sentirá mejor”. De esta manera el racimo comenzó a circular de una persona a otra. Pero no permaneció mucho tiempo en la habitación del enfermo, pues éste pensó que podría darle una alegría a una persona que trabajaba todo el día y también le ayudaba a él. En pocas palabras, el racimo pasó de una persona a otra de las que vivían en esa casa y por último fue dado al primer amigo que lo había recibido. El pasaje de una mano a otra había sido un hermoso círculo de alegría.

No penséis que son los otros los que deben comenzar a transmitir espe- ranza y amor. Comenzad hoy ese círculo de la alegría. Jesús dio el primer paso sin esperar la respuesta de los seres humanos y su amor ha llenado el mundo de un amor que no puede ser apagado, “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” 1 Juan 4:10. ¿Haréis algo diferente a lo que hizo Él?

EL SERMÓN DEL MONTE

INTRODUCCIÓN

“Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:31).

EVALUACIÓN INSPIRADA

1. ¿En qué categoría especial de personas incluyó Jesús a los humildes y mansos? Mateo 5:5.

“El espíritu de mansedumbre no es un espíritu de descontento, sino todo lo contrario. Los profesos cristianos que constantemente están quejándose y lamentándose, y que parecen creer que la felicidad y un rostro alegre son un pecado, no profesan la verdadera religión. Los que consideran el escenario hermoso de la naturaleza como si fuese un cuadro muerto, que prefieren con- templar las hojas muertas más bien que recoger las hermosas flores frescas, que se deleitan con morbidez en el lado melancólico del lenguaje que les habla el mundo natural, que no aprecian la belleza de los valles vestidos de verde y de las altas cimas de las montañas, que cierran sus oídos a la voz gozosa de la naturaleza, que es dulce música para el oído que la escucha, los tales no están en Cristo. No andan en la luz, sino que juntan para sí tinieblas y lobreguez, cuando podrían tener alegría y ver nacer en su corazón la bendición del Sol de Justicia con sanidad en sus rayos” (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág.

342).

2. ¿Cómo son considerados por los redimidos los que plantan semillas de paz? ¿Por qué? Mateo 5:9; Santiago 3:18.

“Hay un poder maravilloso en el silencio. Cuando os hablen con impaciencia no repliquéis de la misma manera. Las palabras dirigidas en respuesta a uno que está enojado actúan generalmente como un látigo que acrecienta la furia de la ira. En cambio, pronto se disipa la ira si se le hace frente con el

silencio. Frene el cristiano su lengua, resolviendo firmemente no pronunciar palabras ásperas e impacientes. Con la lengua frenada puede salir victorioso de cada prueba de la paciencia por la cual tenga que pasar” (Mensajes para los Jóvenes, pág. 134).

“Dice Santiago: ‘¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre’ (Sant. 3:13). ‘La sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz’ (Santiago 3: 17, 18). Esta es la sabiduría manifestada por aquel que toma el cáliz de la salvación e implora en el nombre del Señor. Esta salvación, que ofrece perdón al transgresor, le presenta la justicia que soportará el examen del Omnisapiente, da victoria sobre el poderoso enemigo de Dios y del hombre, le proporciona vida eterna y gozo al que la recibe, y bien puede ser un tema de regocijo para los humildes que oyen de ella y se regocijan” (Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 397).

CONSECUENCIAS DEL ASESINATO, LA IRA Y LA OFENSA

3. ¿Qué se puede decir de los que matan a alguien o ponen en peligro la vida de los demás? ¿Cuán seria es su condición ante la ley y ante el Señor? Mateo 5:21.

“Al otro lado del mar, frente al lugar en que estaban congregados, se extendía la tierra de Basán, una región solitaria cuyos empinados desfiladeros y colinas boscosas eran desde mucho tiempo antes el escondite favorito de toda clase de criminales. La gente recordaba vívidamente las noticias de robos y asesinatos cometidos allí, y muchos denunciaban severamente a esos malhechores. Al mismo tiempo ellos mismos eran arrebatados y contenciosos; albergaban el odio más ciego hacia sus opresores romanos y se creían autorizados para aborrecer y despreciar a todos los demás pueblos, aun a sus compatriotas que no se conformaban a sus ideas en todas las cosas. En todo esto violaban la ley que ordena: ‘No matarás’” (El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 51).

4. ¿Podemos pensar que si tan sólo nos enojamos y ofendemos a un amigo o hermano no es tan grave? Mateo 5:22.

“¡Cómo se regocija Satanás cuando se le permite inflamar el alma hasta que la ira hace palidecer! Una mirada, un gesto, una inflexión de la voz, se pueden tomar y usar como un dardo de Satanás para herir y envenenar el

corazón que está abierto para recibirlo. Si el Espíritu de Cristo nos posee plenamente y hemos sido transformados por su gracia, no estaremos dispuestos a hablar mal ni a llevar informes que contengan falsedades. El mentiroso, el acusador de los hermanos es un instrumento elegido del gran engañador” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 2, pág. 1015).

“En el Sermón del Monte Cristo presentó ante sus discípulos los abarcantes principios de la ley de Dios. Enseñó a sus oyentes que se quebranta la ley con los pensamientos antes de que el mal deseo se convierta en realidad. Estamos obligados a controlar nuestros pensamientos y a ponerlos en sujeción a la ley de Dios. Las nobles facultades de la mente nos han sido dadas por el Señor para que podamos emplearlas en contemplar las cosas celestiales. Dios ha provisto en abundancia para que el alma pueda progresar continuamente en la vida divina. Por dondequiera ha dispuesto instrumentos para que nos ayuden en el desarrollo del conocimiento y de la virtud; y sin embargo, ¡cuán poco se aprecian esos recursos y cuán poco se disfruta de ellos! ¡Con cuánta frecuencia se entrega la mente a la contemplación de lo que es terrenal, sensual y ruin! Dedicamos nuestro tiempo y pensamiento a las cosas triviales y vulgares del mundo, y descuidamos los grandes intereses que atañen a la vida eterna. Las nobles facultades de la mente vulgares del mundo, y descuidamos los grandes intereses que atañen a la vida eterna. Las nobles facultades de la mente se empequeñecen y debilitan porque no se las ejercita en temas que son dignos de su concentración [Se cita Fil. 4: 8]” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 3, pág. 1164).

AFRONTANDO HERIDAS FÍSICAS O ROBO

5. En caso de heridas, fractura o daño físico, ¿debemos retirar- nos, de acuerdo a las enseñanzas de Jesús? Mateo 5:38, 39; Lucas 6:29; Mateo 5:40-42.

“Cristo vivía rodeado de la presencia del Padre, y nada le aconteció que no fuese permitido por el Amor infinito para bien del mundo. Esto era su fuente de consuelo, y lo es también para nosotros. El que está lleno del Espíritu de Cristo mora en Cristo. El golpe que se le dirige a él, cae sobre el Salvador, que lo rodea con su presencia. Todo cuanto le suceda viene de Cristo. No tiene que resistir el mal, porque Cristo es su defensor. Nada puede tocarlo sin el permiso de nuestro Señor; y ‘todas las cosas’ cuya ocurrencia es permitida ‘a los que aman a Dios les ayudan a bien’” (El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 63).

“Cuando sufrimos pruebas que parecen inexplicables, no debemos permitir que nuestra paz sea malograda. Por injustamente que seamos tratados, no permitamos que la pasión se despierte. Condescendiendo con un espíritu de venganza nos dañamos a nosotros mismos. Destruimos nuestra propia

confianza en Dios y ofendemos al Espíritu Santo. Hay a nuestro lado un testigo, un mensajero celestial, que levantará por nosotros una barrera contra el enemigo. El nos envolverá con los brillantes rayos del Sol de Justicia. A través de ellos Satanás no puede penetrar. No puede atravesar este escudo de luz divina” (Las Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 136).

EL AMOR HACIA LOS ENEMIGOS

6. ¿Es justificable que un cristiano odie a sus posibles enemigos? ¿Qué comportamiento celestial debemos tener también en caso que tengamos enemigos que nos hacen la vida difícil? Mateo 5:43, 44; Lucas 6:27, 28, 35.

“Tal era el espíritu de la ley que los rabinos habían interpretado errónea- mente como un código frío de demandas rígidas. Se creían mejores que los demás hombres y se consideraban con derecho al favor especial de Dios por haber nacido israelitas; pero Jesús señaló que únicamente un espíritu de amor misericordioso podría dar evidencia de que estaban animados por motivos más elevados que los publicanos y los pecadores, a quienes aborrecían” (El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 65).

“Con su propia fuerza el hombre no puede gobernar su espíritu. Pero mediante Cristo puede lograr el dominio propio. Con la fuerza de Cristo puede poner sus pensamientos y palabras en sujeción a la voluntad de Dios. La religión de Cristo pone las emociones bajo el gobierno de la razón, y disciplina la lengua. Bajo su influencia se apacigua el temperamento precipitado, y el corazón se llena de paciencia y suavidad” (Mensajes para los Jóvenes, pág. 135).

7. Si nos consideramos hijos de Dios, ¿debemos en casos difíciles seguir nuestro impulso natural humano o el ejemplo de nuestro Padre celestial? Mateo 5:45-48.

“El mayor Maestro que el mundo haya conocido es Jesucristo; y ¿cuál es la norma que ha fijado para todos los que creen en Él? ‘Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto’ (Mat. 5:48). Así como Dios es perfecto en su alta esfera de acción, el hombre puede ser perfecto en su esfera humana.

“El ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo. Se abre delante de nosotros una senda de progreso continuo. Tenemos un objeto que alcanzar, una norma que cumplir, que incluye todo lo bueno, puro, noble y elevado.

Debemos esforzarnos de continuo y progresar constantemente hacia adelante y hacia arriba, hacia la perfección del carácter” (Consejos para Maestros, Padres y Alumnos, pág. 352).

“Pero se chasquearán los que esperan contemplar un cambio mágico en su carácter sin que haya un esfuerzo decidido de su parte para vencer el pecado. Mientras contemplemos a Jesús, no tendremos razón para temer, no tendremos razón para dudar que Cristo es capaz de salvar hasta lo último a todos los que acuden a Él. Pero podemos temer constantemente, para que nuestra vieja naturaleza no gane otra vez la supremacía, no sea que el enemigo invente alguna trampa por la cual seamos otra vez sus cautivos. Hemos de ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, pues Dios es el que obra en vosotros el querer y el hacer su buena voluntad. Con nuestras facultades limitadas, hemos de ser tan santos en nuestra esfera como Dios es santo en la suya. Hasta donde alcance nuestra capacidad, hemos de manifestar la verdad, el amor y la excelencia del carácter divino. Así como la cera recibe la impresión del sello, así el alma ha de recibir la impresión del Espíritu de Dios y ha de retener la imagen de Cristo” (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 395, 396).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: LA CARGA INÚTIL

Un maestro contó a sus alumnos la siguiente historia: “Un hombre iba por el camino y en un lugar tropezó con una piedra. La recogió y se la llevó consigo. Un poco más tarde, tropezó con otra piedra, y esta vez también la recogió y se la llevó consigo. Después de esto, recogía cada piedra con la que tropezaba hasta que llegó el momento en que el peso era tan grande que ya no podía caminar”.

“¿Qué pensáis sobre ese hombre?”, preguntó el maestro.

“En mi opinión, era un hombre raro” contestó uno de los alumnos, “¿Por qué tenía que recoger todas las piedras con las que tropezaba? El maestro comentó: “Esto es justamente lo que hacen los que conservan el peso de la ofensas recibidas y se sienten amargados y heridos. No debemos cargar con las ‘piedras’ del resentimiento y el rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si nos deshacemos de esa carga inútil, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más fácil y nuestro paso más ligero”.

Dejemos de lado toda carga inútil, queridos hermanos y hermanas; esto es exactamente lo que nos enseña la palabra de Dios a cada uno de nosotros: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corra- mos con paciencia la carrera que tenemos por delante” Hebreos 12:1.

PAZ CON LOS SERES HUMANOS

INTRODUCCIÓN

“Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Filipenses 4:9).

HOMBRES DE PAZ

1. ¿Qué enseñanza divina es dada a todos los seguidores del Señor en la relación entre sí? ¿Es esta una condición que debe existir solamente entre nosotros y los miembros de iglesia? Marcos 9:50 (51); 1 Tesalonicenses 5:13; Romanos 12:18.

“Un cristiano no manifiesta un espíritu de altercado y contención aún con los más malvados e incrédulos. ¡Está muy mal que los que creen la verdad y buscan la paz, el amor y la armonía manifiesten este espíritu! Pablo dice:

‘Mantened la paz con todos’. Este espíritu de contención es opuesto a todos los principios del cielo. En el Sermón del Monte, Cristo dice: ‘Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios’. ‘Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad’” (Testimonies for the Church, tomo 2, págs. 163, 164).

“Cuando podamos, por desagradables que sean las circunstancias, reposemos confiadamente en su amor y encerrémonos con Él, descansando apaciblemente en su ternura, y la sensación de su presencia nos inspirará un gozo profundo y sereno. Este proceso nos conferirá una fe que nos capacitará para no inquietarnos, ni afligirnos, sino para apoyarnos en un poder que es infinito” (Mente, Carácter y Personalidad, tomo 2, pág. 490).

2. ¿Cómo son considerados, en las Sagradas Escrituras, los que contribuyen a establecer paz entre los hombres? Lucas 10:6; Mateo 5:9.

“‘Bienaventurados los pacificadores’. La gracia y la paz descansan sobre todos los que se niegan a tomar parte en la contienda de la lengua. Cuando los amantes del escándalo van de familia en familia, los que temen a Dios deben quedarse prudentemente en sus hogares. El tiempo que tan a menudo se pierde en cosas frívolas y chismes maliciosos debería ser utilizado para propósitos más nobles y elevados. Nuestros hermanos y hermanas han de ser misioneros de Dios que visitan a los enfermos y afligidos, y trabajan paciente y bondadosamente con los descarriados. En breve, si copian el Modelo, la igle- sia prosperaría en todas sus fronteras” (Testimonies for the Church, tomo 5, pág. 176).

ATENCIÓN ESPECIAL A LA PAZ EN LA IGLESIA

3. ¿A qué debemos prestar atención si deseamos tener paz en la iglesia? 1 Corintios 1:10; 16:17.

“La fortaleza del pueblo de Dios radica en su unión con Él mediante su Hijo unigénito, y su unión del uno con el otro. No hay dos hojas de un árbol que sean exactamente iguales; tampoco concuerdan todas las mentalidades; pero aunque es así, puede haber unidad en la diversidad. Cristo es nuestra raíz, y todos los que están injertados en esta raíz darán el fruto que Cristo dio. Revelarán la fragancia del carácter de Él en el talento del habla, en el cultivo de la hospitalidad, de la bondad, de la cortesía cristiana y de la consideración celestial.

“Mirad las flores en un tejido y notad las hebras de diversos colores. No todas son rosadas, no todas son verdes, no todas son azules. Se entreteje una diversidad de colores para perfeccionar el modelo. Así es en el plan de Dios. Él tiene un propósito al colocarnos donde debemos aprender a vivir como individuos. Todos no somos idóneos para hacer la misma clase de obra, sino que la obra de cada hombre ha sido dispuesta por Dios para ayudar a constituir su plan” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 6, pág. 1084).

4. ¿Podemos hacer algo por la paz y la armonía de la Jerusalén espiritual? Salmo 122:6-9; Efesios 4:3; 2 Corintios 13:12.

“Pablo pregunta: ‘¿está dividido Cristo?’ ¿No tenemos una Cabeza espiritual? Cristo ha sido la Piedra de unión, la principal Piedra angular en todos los siglos. Los patriarcas, el sacerdocio levítico y los cristianos de hoy día, todos tienen su centro en Él. El es el todo y en todos” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 6, pág. 1084).

“‘Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer’.

“La unión hace la fuerza; la división significa debilidad. Cuando los que creen la verdad presente están unidos, ejercen una influencia poderosa. Satanás lo comprende bien. Nunca estuvo más resuelto que ahora a anular la verdad de Dios causando amargura y disensión entre el pueblo del Señor.

“El mundo está contra nosotros, y también las iglesias populares; las leyes del país pronto estarán contra nosotros. Si ha habido alguna vez un tiempo en que el pueblo de Dios debía unirse, es ahora. Dios nos ha confiado las verdades especiales para este tiempo, para que las demos a conocer al mundo. El último mensaje de misericordia se está proclamando ahora. Estamos tratando con hombres y mujeres encaminados hacia el juicio. ¡Cuán cuidadosos debemos ser en toda palabra y acto para seguir de cerca al Dechado, a fin de que nuestro ejemplo conduzca los hombres a Cristo! Con qué cuidado debemos tratar de presentar la verdad, a fin de que los demás, contemplando su belleza y sencillez, sean inducidos a recibirla. Si nuestro carácter testifica de su poder santificador, seremos una luz continua para los demás: epístolas vivientes, conocidas y leídas de todos los hombres. No debemos dar ahora cabida a Satanás albergando desunión, discordia y disensión...” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 77).

NECESIDAD DE CONTROL ESPECIAL

5. ¿Qué se debe tener absolutamente bajo el control del Espíritu Santo si se quiere alcanzar y mantener la paz entre los hombres? Salmo 34:12-14; 1 Pedro 3:10, 11; Santiago 3:5, 6.

“Maldecir tiene un efecto doble, que cae más pesadamente sobre el que pronuncia la maldición, que sobre el que la recibe. El que disemina semillas de disensión y lucha, cosecha en su propia alma los frutos mortíferos. ¡Cuán miserable es el chismoso, el que supone el mal! Es un extraño a la verdadera felicidad (La Voz: su Educación y Uso Correcto, pág. 154).

“El pecado de la maledicencia comienza con cultivar malos pensamientos. La astucia incluye impureza en todas sus formas. Si se tolera un pensamiento impuro, si se atesora un deseo impío, se contamina el alma y se compromete su integridad. ‘Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte’” (Testimonies for the Church, tomo 5, pág. 177).

“Si no hemos de cometer pecado hemos de evitarlo desde sus mismos comienzos. Cada emoción y deseo debe estar sujeto a la razón y a la conciencia. Cada pensamiento no santificado debe ser rechazado inmediatamente. A sus cámaras, seguidores de Cristo. Oren con fe y con todo el corazón. Satanás está velando para entrampar sus pies. Deben recibir ayuda de arriba si han de escapar a sus estratagemas” (Mente, Carácter y Personalidad, tomo 1, pág.333).

6. ¿Qué debemos incluso hacer con el fin de alcanzar y mantener la paz entre nosotros? 1 Corintios 6:7; 1 Pedro 3:9; Santiago 3:18.

“Pedro exhorta a los creyentes: ‘Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. Porque: el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justo, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal’

1 Pedro 3:8-12.

“Si el camino recto está tan simplemente señalado, ¿por qué el profeso pueblo de Dios no camina por él? ¿Por qué no estudian, oran y trabajan seria- mente para llegar a ser una mente? ¿Por qué no buscan practicar la compa- sión uno hacia el otro, amarse como hermanos en lugar de pagar mal por mal y quejarse unos de los otros? (Testimonies for the Church, tomo 5, pág. 175).

“¿Quién no ama la vida y quiere vivir días buenos? Pero, cuán pocos cumplen con las condiciones: refrenar la lengua del mal y los labios de hablar engaño. Son pocos, los que están dispuestos a seguir el ejemplo de humildad y mansedumbre del Salvador. Muchos piden a Dios que los haga humildes, pero no están dispuestos a someterse a la disciplina necesaria. Cuando llega la prueba, cuando ocurren problemas y molestias, el corazón se rebela, y la lengua expresa palabras que son como flechas envenenadas, o una descarga de granizos” (La Voz: su Educación y Uso Correcto, pág. 153).

EL SECRETO DE LA PAZ

7. Si estamos realmente unidos en Jesucristo, ¿qué sucederá también entre los creyentes? Efesios 2:13, 14; Colosenses 1:20.

“La gloria del cielo consiste en elevar a los caídos, consolar a los angustia- dos. Siempre que Cristo more en el corazón humano, se revelará de la misma manera. Siempre que actúe, la religión de Cristo beneficiará. Donde quiera que obre, habrá alegría.

“Dios no reconoce ninguna distinción por causa de la nacionalidad, la raza o la casta. Es el Hacedor de toda la humanidad. Todos los hombres son una familia por la creación, y todos son uno por la redención. Cristo vino para demoler todo muro de separación, para abrir todo departamento del templo, para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios. Su amor es tan amplio, tan profundo, tan completo, que penetra por doquiera. Libra de la influencia de Satanás a las pobres almas que han sido seducidas por sus engaños. Las coloca al alcance del trono de Dios, el trono circuido por el arco de la promesa.

“En Cristo no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre. Todos son atraídos por su preciosa sangre” (Gal. 3:28; Efe. 2:13).

“Cualquiera que sea la diferencia de creencia religiosa, el llamamiento de la humanidad doliente debe ser oído y contestado. Donde existe amar- gura de sentimiento por causa de la diferencia de la religión, puede hacerse mucho bien mediante el servicio personal. El ministerio amante quebrantará el prejuicio, y ganará las almas para Dios” (Las Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 318).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: ¿CÓMO PUEDEN CAER LAS BARRERAS?

Un joven extranjero acababa de entrar en un seminario y participó de la sesión de oración, donde más de veinte jóvenes de diferentes nacionalidades se hallaban presentes. El joven sentía cierta aversión hacia los estudiantes de algunas naciones contra las cuales su país había luchado recientemente. Luego, en un cierto momento, el dirigente del grupo sugirió que cada uno orase en su propio idioma.

Al comienzo, el joven no se sintió tocado por las oraciones de sus compañeros expresadas en una lengua, que en general, él no podía comprender. Pero de pronto se dio cuenta que había una palabra que podía entender en todos los idiomas: Jesús.

Comprendió que el grupo tenía algo en común. Todos reconocían a Jesús como a su Salvador personal. Entonces comenzó a pensar: “No hay este ni oeste; no hay amigos ni enemigos, no debe haber barrerras ni prejuicios. En Cristo somos todos hermanos. Jesús hizo que esto fuera posible”. ¿Y nosotros qué hacemos?

PAZ CON DIOS

INTRODUCCIÓN

“Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:16).

SEPARACIÓN DEL SEÑOR

1. ¿Cuál fue la grave consecuencia del pecado en la relación entre Dios y los hombres? Isaías 59:2; Jeremías 5:25.

“Su transgresión produjo una espantosa separación entre el Padre y el hombre. A Adán en su inocencia se le concedió comunión directa, libre y gozosa con su Hacedor. Después de su transgresión. Dios se comunicaría con él por medio de Cristo y los ángeles” (La Historia de la Redención, pág. 53).

“Sabía que Dios no había abandonado a su pueblo, pero que sus pecados e iniquidades lo habían separado de Dios” (Testimonies for the Church, tomo 1, pág. 596).

2. Aunque el ser humano fue creado y se conserva en vida porque Dios le sostiene, ¿en qué medida se ha alejado de Él? Efesios 2:12.

“Destruyen el freno y las restricciones morales de la familia humana, y debilitan más y más la represión del vicio. El mundo no ama ni teme a Dios. Y quienes no temen ni aman a Dios pronto pierden el sentimiento del deber para con el prójimo. Están sin Dios y sin esperanza en el mundo” (Notas Biográficas de Elena G. de White, pág. 102).

“Muchos viven sin Dios y sin esperanza en el mundo. Son culpables, corrompidos y degradados, esclavizados por las trampas de Satanás. Pero éstos son los que Cristo vino para redimir. Son el objeto de la más tierna piedad, simpatía e incansable esfuerzo, porque se encuentran al borde de la ruina. Sufren de deseos no satisfechos, de pasiones desordenadas y de la conde-

nación de sus propias conciencias; son miserables en todo el sentido de la palabra, porque se están perdiendo esta vida y no tienen perspectiva de una vida futura” (El Conflicto de los Siglos, pág. 382).

PAZ CON DIOS

3. ¿Nuestra separación, enemistad y pecados han cambiado la actitud de Dios hacia los hombres? ¿Cuál es la constante invitación que nos hace? Romanos 5:8; Colosenses 2:13; Isaías

27:5.

“‘El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?’ Romanos 8:32.

“Fue un sacrificio muy costoso el que hizo el Señor del cielo. La benevolencia divina fue conmovida en su insondable profundidad; era imposible para Dios dar más. ‘De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ Juan 3:16. ¿Por qué es nuestra gratitud tan limitada? Es tan solo como una onda en la superficie, comparada con la gran marea del amor que fluye desde el Padre hacia nosotros” (Testimonies for the Church, tomo 9, págs. 59, 60).

“…el infinito sacrificio hecho por el Padre al dar a su Hijo amado por los hombres caídos … La iglesia y el mundo son llamados a contemplar y admirar un amor que así expresado supera la comprensión humana, y asombra hasta a los ángeles del cielo. Este amor es tan profundo, tan amplio y tan elevado, que el apóstol inspirado, no pudiendo hallar palabras con que describirlo, invita a la iglesia y al mundo a contemplarlo, a hacerlo un tema de meditación y admiración” (Testimonios Selectos, tomo 3, pág. 295).

2. Gracias a su atributo pacífico y al don de la justificación, ¿qué podemos alcanzar los seres humanos en nuestra relación con Él? Romanos 5:1; Isaías 32:17.

“La luz de la justificación por medio de la fe y el hecho que la justicia de Cristo se transforma en nuestra justicia, de otra manera no podemos en absoluto observar la ley de Dios, es el testimonio de todos los que predican y su fruto es paz, coraje, gozo y armonía. Hay el peligro de hacer aún de estos temas una teoría, y de no practicar la verdad expresada. Los que llevan este mensaje deben acompañarlo con un carácter puro como el de Jesucristo” (Manuscript Releases, tomo 9, págs. 332, 333).

“El pecador no puede depender de sus propias buenas obras como un medio de justificación. Debe llegar hasta el punto donde denuncia a todos sus peca- dos y acepta un grado tras otro de luz a medida que brillen sobre su sendero. Por la fe sencillamente echa mano de la provisión amplia y gratuita hecha por la sangre de Cristo. Cree en las promesas de Dios, las cuales mediante Cristo son hechas para él santificación, justificación y redención. Y si sigue a Jesús caminará humildemente en la luz, regocijándose en ésta y difundiéndola a otros. Ya justificado por la fe, marcha gozoso en su obediencia durante toda su vida. Paz con Dios es el resultado de lo que Cristo es para él. Las almas que están sujetas a Dios, que lo honran y que son hacedoras de su Palabra, recibirán iluminación divina. En la preciosa Palabra de Dios hay pureza y elevación, y también belleza que no pueden alcanzar las más elevadas facul- tades del hombre a menos que se reciba la ayuda de Dios” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 6, pág.1072).

“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, el alma convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia, que su transgresión ha sido per- donada, su pecado cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la vio- lación de su divina ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado ‘pues por la fe’ tiene ‘paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1)” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 381).

NUESTRA PAZ TIENE UN GRAN PRECIO

5. ¿Podemos evaluar y apreciar correctamente el gran precio que Dios pagó para alcanzar la paz con los hombres? Isaías

53:5; Romanos 4:25; 1 Corintios 15:3.

“¡Qué tema de meditación nos resulta el sacrificio que hizo Jesús por los pecadores perdidos! ‘Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados’ (Isa. 53:5). ¿Cuánto debemos estimar las bendiciones así puestas a nuestro alcance? ¿Podría Jesús haber sufrido más? ¿Podría haber comprado para nosotros más ricas bendiciones? ¿No debiera esto enternecer el corazón más duro, cuando recordamos que por nuestra causa dejó la felicidad y la gloria del cielo, y sufrió pobreza y vergüenza, cruel aflicción y una muerte terrible? Si por su muerte y resurrección Él no hubiese abierto para nosotros la puerta de la esperanza, no habríamos conocido más que los horrores de las tinieblas y las miserias de la desesperación. En nuestro estado actual, favorecidos y bendecidos como nos vemos, no podemos darnos cuenta de qué profundidades hemos sido rescatados. No podemos medir cuánto más profundas habrían sido nuestras aflicciones, cuánto mayores nuestras des- gracias, si Jesús no nos hubiese rodeado con su brazo humano de simpatía y amor, para levantarnos” (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 110).

UN FRUTO VERDADERO EN NOSOTROS

6. ¿Qué tipo de fruto es la paz? ¿Qué debemos permitir en nuestra vida con el fin de recibirla? Gálatas 5:22; Romanos 14:17; Romanos 8:6.

“La paz de Cristo, esa paz que el dinero no puede comprar, que el talento no puede conseguir, que el intelecto no puede obtener, es el don de Dios. La religión de Cristo: ¿cómo podría hacer que todos comprendieran su gran perdida si dejaran de obedecer sus principios santos en su vida diaria? La mansedumbre y humildad de Cristo es el poder del cristiano. Es en realidad más precioso que todas las cosas que el genio pueda crear o la riqueza pueda adquirir. De todas las cosas que se buscan, que se anhelan y se cultivan, no hay nada tan valioso ante la vista de Dios como un corazón puro, una disposición llena de agradecimiento y de paz” (Consejos sobre la Salud, pág. 401).

“La mansedumbre y la amabilidad, la tolerancia y la longanimidad, el no sentirse fácilmente provocado y el soportarlo, esperarlo y sufrirlo todo, esas cosas son los frutos que produce el precioso árbol del amor, de crecimiento celestial. Este árbol, si se lo nutre, se mantendrá siempre verde, sus ramas no caerán ni se marchitarán sus hojas. Es inmortal, eterno, y regado de continuo por los rocíos del cielo” (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 208).

7. ¿Qué garantía nos es dada de que podemos recibir este don en un mundo lleno de problemas y aflicciones? Colosenses 3:15; Romanos 15:13; Salmo 85:8.

“…la religión de Jesús da paz como un río. No extingue la luz del gozo, ni impide la jovialidad, ni oscurece el rostro alegre y sonriente” (El Camino a Cristo, pág. 123).

“El fruto del Espíritu es amor, gozo y paz. La lucha y la discordia no son sino la obra de Satanás y el fruto del pecado. Si como pueblo alguna vez hemos de disfrutar de paz y amor, debemos colocar nuestros pecados a un lado; necesitamos ponernos en armonía con Dios y así también estaremos en armonía unos con otros. Que cada uno se pregunte: ¿Poseo yo la gracia del amor? ¿He aprendido a sufrir con paciencia y a ser bondadoso? Sin este atributo celestial, los talentos, el conocimiento y la elocuencia serán atributos tan desprovistos de significado como un metal que resuena o un címbalo que retiñe. ¡Qué lástima que este precioso tesoro sea considerado con tanta liviandad y tan poco aprecio por muchos de los que profesan la fe!”(Exaltad a Jesús, pág. 308).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: EL VALOR DEL VIEJO VIOLÍN

En una subasta, el subastador levantó un violín. Estaba rayado y astillado. Las cuerdas estaban sueltas y el subastador pensó que no valía la pena perder mucho tiempo con el viejo violín, pero lo levantó en alto con una son- risa. “¿Cuánto ofrecen, señores?, exclamó. “Empecemos con… 50 dólares!”

“Cincuenta y cinco”, se oyó una voz. Luego, “sesenta” dijo alguien más. “Sesenta y cinco”, agregó otro. “Setenta dólares” ofreció una cuarta persona.

Luego, desde un rincón de la sala, un señor canoso se adelantó y tomó el arco del violín. Con un pañuelo le quitó el polvo al viejo instrumento, estiró las cuerdas sueltas, lo cogió con energía y tocó una pura y dulce melodía como de un himno celestial.

Cuando cesó la música, el subastador, con voz calma y baja, dijo: “¿Cuánto me ofrecéis por este viejo violín?” Y lo levantó otra vez en alto, con el pequeño arco. “¿Quinientos? ¿Y quién ofrece dos mil dólares?” “Última oferta: ¿Quién ofrece tres mil dólares, solamente tres mil dólares?” “Vendido por tres mil”, dijo el subastador.

La gente aplaudió, pero alguien preguntó: “¿Qué fue lo que hizo que cambiara el precio del violín?”, la respuesta inmediata fue: “El toque del maestro”.

Nosotros también somos como viejos instrumentos polvorientos y baqueteados, y cargados con muchos problemas y pecados. Pero aún así tenemos valor para nuestro Señor y si permitimos que sus manos obren en nosotros, tenemos paz con Él, adquirimos más valor y nuestra vida toca una bella melodía en su honor y es de bendición para los demás.

El PRÍNCIPE DE PAZ

INTRODUCCIÓN

“Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna” (Salmo 72:7).

PROFECÍA SOBRE EL PRÍNCIPE DE PAZ

1. ¿Qué profecía en particular fue dada para fortalecer la fe del pueblo de Dios durante los siglos? Isaías 7:14.

“‘Emmanuel, Dios con nosotros’. Esto lo es todo para nosotros. ¡Qué ancho fundamento coloca para nuestra fe! ¡Qué esperanza llena de inmortalidad pone ante el alma creyente! ¡Dios con nosotros en Cristo Jesús para acompañarnos en cada etapa del viaje al cielo! ¡El Espíritu Santo con nosotros como Consolador y Guía en nuestras perplejidades, para aliviar nuestras tristezas y escudarnos de la tentación! ‘¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!’” (Hijos e Hijas de Dios, pág. 297).

“‘Y será llamado su nombre Emmanuel; ... Dios con nosotros...’ Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria. Vino a esta tierra obscurecida por el pecado para revelar la luz del amor de Dios, para ser ‘Dios con nosotros.’ Por lo tanto, fue profetizado de Él: ‘Y será llamado su nombre Emmanuel’...

“El maravilloso y misericordioso propósito de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual ‘desean mirar los ángeles’, y será su estudio a través de los siglos sin fin. Tanto los redimidos como los seres que nunca cayeron hallarán en la cruz de Cristo su ciencia y su canción. Se verá que la gloria que resplandece en el rostro de Jesús es la gloria del amor abnegado. A la luz del Calvario, se verá que la ley del renunciamiento por amor es la ley de la vida para la tierra y el cielo; que el amor que ‘no busca lo suyo’ tiene su fuente en el corazón de Dios; y que en el Manso y Humilde se manifiesta el carácter de Aquel que mora en la luz inaccesible al hombre” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 12).

2. ¿Qué nombre, en particular, se le dio considerando su naturaleza y misión? Isaías 9:5 (6).

“Cristo es el ‘Príncipe de paz’, y su misión es devolver al cielo y a la tierra la paz destruida por el pecado. ‘Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’. Quien consienta en renunciar al pecado y abra el corazón al amor de Cristo participará de esta paz celestial.

“No hay otro fundamento para la paz. La gracia de Cristo, aceptada en el corazón, vence la enemistad, apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo” (El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 28).

SU OBRA EN LA IGLESIA

3. Como Príncipe de paz, ¿de qué manera se presentó en Jerusalén –símbolo del pueblo de Dios? Zacarías 9:9; Mateo 21:5.

“Quinientos años antes del nacimiento de Cristo, el profeta Zacarías predijo así la venida del Rey de Israel. Esta profecía se iba a cumplir ahora. Él que siempre había rechazado los honores reales iba a entrar en Jerusalén como el prometido heredero del trono de David. …

“Toda la naturaleza parecía regocijarse. Los árboles estaban vestidos de verdor y sus flores comunicaban delicada fragancia al aire. Nueva vida y gozo animaban al pueblo. La esperanza del nuevo reino estaba resurgiendo” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 524).

4. ¿Era su mensaje a los paganos, de donde provenimos nosotros, de distinta índole? Zacarías 9:10.

“La vida de cada hombre testifica acerca de la verdad de las palabras de la Escritura: ‘Los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta.... No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos’. El pecado ha destruido nuestra paz. Mientras el yo no está subyugado, no podemos hallar descanso. Las pasiones predominantes en el corazón no pueden ser regidas por facultad humana alguna. Somos tan impotentes en esto como los discípulos para calmar la rugiente tempestad. Pero el que calmó las olas de Galilea ha pronunciado la palabra que puede impartir paz a cada alma. Por fiera que sea la tempestad, los que claman a Jesús: ‘Señor, sálvanos’ hallarán liberación. Su

gracia, que reconcilia al alma con Dios, calma las contiendas de las pasiones humanas, y en su amor el corazón descansa. ‘Hace parar la tempestad en so- siego, y se apaciguan sus ondas. Alégranse luego porque se reposaron; y Él los guía al puerto que deseaban’. ‘Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’. ‘Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de justicia, reposo y seguridad para siempre’” (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 304, 305).

NO AL USO DE ARMAS BÉLICAS

5. Según sus enseñanzas, ¿que debía suceder con las armas mili- tares entre los que aceptarían su mensaje de paz? Isaías 2:4; Miqueas 4:3, 4.

“Dios ha provisto abundantes medios para tener éxito en la guerra contra la maldad que hay en el mundo. La Biblia es el arsenal donde podemos equiparnos para la lucha, nuestros lomos; deben estar ceñidos con la verdad. Nuestra cota debe ser la justicia. El escudo de la fe debe estar en nuestra mano, el yelmo de la salvación sobre nuestra frente, y con la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, hemos de abrirnos camino a través de los obstáculos y la maraña del pecado” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 400).

6. Ya a su nacimiento, ¿qué gozoso anuncio fue dado por una multitud de huestes celestiales a los que esperaban al Mesías? Lucas 2:13, 14.

“Cuando el plan de salvación fue revelado a los ángeles, un gozo inexpresable inundó el cielo. La gloria y bendición de un mundo redimido sobrepasó aún la angustia del Príncipe de la vida. En las cortes celestiales se oyeron los primeros sonidos de ese canto que los ángeles cantaron sobre las colinas de Belén. ‘Gloria a Dios en las alturas, y paz a los hombres de buena voluntad’”(The Messenger, 7 de junio de 1893).

“A nadie nacido en el mundo, ni aun al más dotado de los hijos de Dios, jamás se le ha expresado tal demostración de gozo como la que saludó al recién nacido de Belén. Los ángeles de Dios entonaron sus alabanzas por las colinas y llanos de Belén. ‘¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!’ (Luc. 2:14). ¡Ojalá toda la familia humana hoy día pudiera reconocer este canto! La declaración que se hizo entonces, la nota que resonó, el himno que entonces comenzó, se ampliarán y se extenderán hasta el fin del tiempo, y resonarán hasta los confines de la tierra. Significan gloria para Dios, paz en la tierra, buena voluntad para los hombres. Cuando

el Sol de Justicia se levante trayendo salud en sus alas, el himno que comenzó en las colinas de Belén repercutirá en la voz de una gran multitud, como la voz de muchas aguas, que dirá: ‘¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todo- poderoso reina!’ (Apoc. 19: 6)” (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 294, 295).

EL MENSAJE DEL PRÍNCIPE DE PAZ

7. Según la profecía y su cumplimiento, ¿cuál era el mensaje de Jesús a los corazones humanos? Isaías 57:19; Hechos 10:36; Efesios 2:17.

“Comenzaron a comprender la naturaleza y extensión de su obra, a ver que habían de proclamar al mundo las verdades que se les habían encomendado. Los sucesos de la vida de Cristo, su muerte y resurrección, las profecías que señalaban estos sucesos, los misterios del plan de la salvación, el poder de Jesús para perdonar los pecados, de todas estas cosas habían sido testigos, y debían hacerlas conocer al mundo. Debían proclamar el Evangelio de paz y salvación mediante el arrepentimiento y el poder del Salvador” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 23).

“En su sermón, Jesús tenía presentes otros auditorios, además de la muchedumbre que estaba a orillas de Genesaret. Mirando a través de los siglos, vio a sus fieles en cárceles y tribunales, en tentación, soledad y aflicción. Cada escena de gozo, o conflicto y perplejidad, le fue presentada. En las palabras dirigidas a los que le rodeaban, decía también a aquellas otras almas las mismas palabras que les habrían de llegar como mensaje de esperanza en la prueba, de consuelo en la tristeza y de luz celestial en las tinieblas. Median- te el Espíritu Santo, esa voz que hablaba desde el barco de pesca en el mar de Galilea, sería oída e infundiría paz a los corazones humanos hasta el fin del tiempo” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 213).

8. ¿Qué saludo recomendó Jesús a sus discípulos cuando visitaban las casas en su obra misionera? ¿Qué regalo les hizo apenas antes de su pasión? ¿Cuál debe ser nuestro mensaje? Mateo 10:12, 13; Juan 14:27.

“En ocasión del nacimiento de Jesús, el ángel anunció: ‘Paz en la tierra, y buena voluntad para con los hombres’. Y ahora, en la primera aparición a sus discípulos después de su resurrección, el Salvador se dirigió a ellos con las bienaventuradas palabras: ‘Paz a vosotros’. Jesús está siempre listo para impartir paz a las almas que están cargadas de dudas y temores. Espera que nosotros le abramos la puerta del corazón y le digamos: Mora con nosotros.

Dice: ‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo’” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 744).

“Poco antes de su crucifixión, Cristo había dejado a sus discípulos un legado de paz: ‘La paz os dejo –dijo– mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo’ (Juan 14:27). Esta paz no es la paz que proviene de la conformidad con el mundo. Cristo nunca procuró paz transigiendo con el mal. La que Cristo dejó a sus discípulos es interior más bien que exterior, y había de permanecer para siempre con sus testigos a través de las luchas y contiendas” (Los Hechos de los Apóstoles, pág.70).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: CONSTRUYENDO PUENTES ENTRE LOS HOMBRES

Un día, dos hermanos que vivían en dos granjas cercanas, tuvieron una pelea. Era el primer altercado después de 40 años en que habían sido buenos vecinos, se habían intercambiado maquinaria, trabajo, productos, sin ningún compromiso. De pronto, todo se acabó como consecuencia de un amargo cambio de palabras, que fue seguido por semanas de silencio. Una mañana, alguien golpeó a la puerta del hermano mayor; era un carpintero, quien dijo: “Ando en busca de trabajo para algunas semanas, quizá usted tenga algún trabajito para mí en que le pueda ser útil”. “Si”, dijo el hermano mayor. “Tengo trabajo para usted. Ese espacio en el campo fue hecho por mi vecino, mi hermano menor. La semana pasada había un campo de flores entre las dos granjas, pero él tomó el tractor y aró el campo, dejando ese abismo tan grande entre los dos. Pero yo no lo voy a tratar mejor. Quiero que usted construya una cerca tan alta que no nos podamos ver y así él pagará por esto. “Comprendo cuál es la situación” dijo el carpintero y comenzó inmediatamente con su tra- bajo. Tomó las medidas, dispuso la madera y los clavos. A la puesta del sol, el granjero regresó, y el carpintero había terminado su trabajo, pero no había ninguna cerca. Había tan solo un puente que conectaba una parte con la otra.

¡Una obra maestra! El hermano menor estaba justamente cruzando el puente con los brazos abiertos mientras decía: “¡Tuviste el coraje de construir este puente después de todo lo que te dije e hice!” El otro hermano avanzó hasta el medio del puente y allí cayeron el uno en los brazos del otro.

Luego se volvieron y vieron al carpintero que estaba recogiendo las herramientas para irse. “No se vaya, espere” “Quédese aquí unos días más, tengo más trabajo para usted” –le dijo el hermano mayor al carpintero. “Me gustaría quedarme”, dijo el carpintero, “pero tengo que construir muchos otros puentes”.

El que construyó el puente sobre el abismo es Jesucristo. Él desea ese encuentro con Dios y con los hermanos. ¿Qué haremos? ¿Usamos nuestro tiempo para construir cercas o puentes?

ENTRAR EN EL REPOSO DE DIOS

INTRODUCCIÓN

“Pero los que hemos creído entramos en el reposo… Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. Por lo tanto, queda un reposo [en griego: ‘descanso sabático’] para el pueblo de Dios... Procuremos, pues, entrar en aquel reposo…” (Hebreos 4:3,9-11).

LA BENDICIÓN DEL REPOSO DEL SEÑOR

1. ¿Qué santificó el Señor, al principio, para ayudar a los hombres de todos los tiempos a participar o entrar en su bendito reposo? Génesis 2:2, 3.

“Dios nos ha dado sus mandamientos, no sólo para que creamos en ellos, sino para que los acatemos. Cuando el gran Jehová echó los cimientos de la tierra y adornó al mundo entero con su manto de belleza y lo llenó de cosas útiles al hombre; cuando hubo creado todas las maravillas de la tierra y del mar, instituyó el sábado y lo santificó. Dios bendijo y santificó el séptimo día porque había descansado en él de toda su maravillosa obra de la creación. El sábado fue hecho para el hombre, y Dios quiere que en ese día dejemos de lado nuestro trabajo, así como Él descansó después de trabajar seis días en la creación” (Exaltad a Jesús, pág. 133).

2. ¿Qué promesas hizo el Señor de Israel con respecto a su don celestial? Éxodo 33:14; Jeremías 6:16.

“Cuando comprendamos que somos colaboradores con Dios, no pronunciaremos sus promesas con indiferencia. Arderán en nuestro corazón y en nuestros labios. A Moisés, cuando le llamó a servir a un pueblo ignorante, indisciplinado y rebelde, Dios le prometió: ‘Mi rostro irá contigo, y te haré descansar’. Y dijo: ‘Yo seré contigo’. Esta promesa es hecha a todos los que trabajan en lugar de Cristo por sus hijos afligidos y dolientes” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 596).

“Cuando el Señor dio a Moisés la responsabilidad de sacar a los hijos de Israel de Egipto, le aseguró: ‘Estaré contigo’. ‘Mi presencia irá contigo, y te daré descanso’” (Testimonies for the Church, tomo 7, pág. 221).

“Jeremías llamó su atención repetidas veces a los consejos dados en Deuteronomio. Más que cualquier otro de los profetas, recalcó las enseñanzas de la ley mosaica, y demostró cómo esas enseñanzas podían reportar las más altas bendiciones espirituales a la nación y a todo corazón individual. Suplicaba: ‘Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma’ (Jer. 6:16)” (Profetas y Reyes, pág. 303).

PAZ Y REPOSO EN LA TIERRA PROMETIDA

3. ¿Qué estaba incluido, también, en esa promesa de paz y reposo? Levítico 26:6; Deuteronomio 12:10.

4. ¿Se cumplió esa promesa de forma completa y general, como era el deseo de Dios? Salmo 95:10, 11; Hebreos 3:18; 1 Reyes 8:56.

“No alcanzó Israel el alto ideal que se le había propuesto. Un Ser distinto de Josué debía conducir a su pueblo al verdadero reposo de la fe. El Monte de las Bienaventuranzas no es Gerizim, sino aquel monte, sin nombre, junto al lago de Genesaret donde Jesús dirigió las palabras de bendición a sus discípulos y a la multitud” (El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 7).

“Dios nunca permitirá que un hombre pase a través de las puertas de perla de la ciudad de Dios si no lleva la señal de fidelidad, la marca de su gobierno. Cada alma que es salva atesorará principios puros que proceden de la misma esencia de la verdad. Debe estar aferrada por eslabones de oro al poder y amor eterno del Dios de verdad. Debe ser leal a los principios de la palabra de Dios, leal al pacto eterno que es una señal entre el hombre y su Hacedor” (Medical Ministry, pág. 123).

PROMESA, TAMBIÉN, PARA LOS PROBLEMAS FÍSICOS Y ESPIRITUALES

5. ¿Qué serios problemas pueden a veces perturbarnos y dificultar que tengamos paz y reposo en nuestra vida? Job 3:26; 30:27; Isaías 14:3.

6. ¿Cuál es el mayor obstáculo para nuestra paz que arruina nuestra alma y nuestro cuerpo? Salmo 32:3; 51:8; Proverbios 28:13.

“Los que no se han humillado de corazón delante de Dios reconociendo su culpa, no han cumplido todavía la primera condición de la aceptación. Si no hemos experimentado ese arrepentimiento, del cual nadie se arrepiente, y no hemos confesado nuestros pecados con verdadera humillación de alma y quebrantamiento de espíritu, aborreciendo nuestra iniquidad, no hemos buscado verdaderamente el perdón de nuestros pecados; y si nunca lo hemos buscado, nunca hemos encontrado la paz de Dios. La única razón porque no obtenemos la remisión de nuestros pecados pasados es que no estamos dispuestos a humillar nuestro corazón y a cumplir con las condiciones de la Palabra de verdad. Se nos dan instrucciones explícitas tocante a este asunto. La confesión de nuestros pecados, ya sea pública o privada, debe ser de corazón y voluntaria” (El Camino a Cristo, pág. 37).

“Más de un pecado es dejado sin confesar, y tendrá que hacerle frente el pecador en el día del ajuste final. Mucho mejor es hacer frente ahora a nuestros pecados, confesarlos y apartarnos de ellos, mientras intercede en nuestro favor el Sacrificio expiatorio. No dejéis de saber la voluntad de Dios en cuanto a este asunto. La salud de vuestra alma y la salvación de otros dependen de la forma en que procedáis en este asunto. ‘Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros’ (1 Ped.5:6, 7). El humilde y quebrantado de corazón puede apreciar algo del amor de Dios y de la cruz del Calvario. Será amplia la bendición experimentada por aquel que satisface la condición por la cual puede llegar a ser participante del favor de Dios” (Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 384).

LA BENDITA FUENTE DE REPOSO Y PAZ

7. Conociendo nuestros problemas y debilidades, ¿qué invitación fraternal nos extiende nuestro Redentor? Mateo 11:28-30.

“Hay muchos cristianos profesos que tienen ansiedad y se deprimen, muchos que están tan ocupados con sus actividades que no encuentran tiempo para descansar tranquilamente en las promesas de Dios y que actúan como si no se pudieran dar el lujo de tener paz y tranquilidad. Para todo cristiano en esta condición la invitación es: ‘venid a mí, . . . y yo os haré descansar’ Mateo 11:28” (Testimonies for the Church, tomo 7, pág. 69).

“Venid, aprended de mí, y al venir así comenzamos la vida eterna. El cielo consiste en acercarse incesantemente a Dios por Cristo. Cuanto más tiempo estemos en el cielo de la felicidad, tanto más de la gloria se abrirá ante nosotros; y cuanto más conozcamos a Dios, tanto más intensa será nuestra felicidad” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 300).

8. ¿Cómo podemos tener una relación ideal de paz con Dios?

Romanos 5:1; Efesios 2:14. Para este estudio, se puede leer, también, Hebreos 4:9; Isaías 32:17.

“El reposo que aquí se menciona es el reposo de la gracia que se obtiene siguiendo la prescripción ‘Trabaja diligentemente’. Los que aprenden de Jesús su humildad y mansedumbre, encuentran reposo en la experiencia de practi- car las lecciones de Cristo. No se obtiene reposo en la indolencia, el egoísmo y la búsqueda de placeres. Los que no están dispuestos a dar al Señor un servi- cio fiel, ferviente y amante, no encontrarán reposo espiritual ni en esta vida ni en la venidera. El trabajo diligente es lo único que produce paz y gozo en el Espíritu Santo: felicidad en esta tierra y gloria en el más allá” (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 7, pág. 941).

“Así como el sábado era la señal que distinguía a Israel cuando salió de Egipto para entrar en la Canaán terrenal, es ahora la señal que distingue al pueblo de Dios al salir del mundo y entrar en el reposo celestial. El sábado es una señal de la relación que existe entre Dios y su pueblo, una señal de que ellos honran su ley. Establece una distinción entre sus súbditos leales y los transgresores” (La Maravillosa Gracia, pág. 157).

UNA LECCIÓN OBJETIVA PARA NOSOTROS: ¿CUÁNDO PODEMOS IRRADIAR PAZ Y GOZO?

Me encontraba en una joyería, entre dos señores, que hablaban con entusiasmo sobre las piedras preciosas. Me concentraba más en lo que hablaban que en la compra en sí y seguía con la mirada el dedo del más anciano quien hacía notar al otro el increíble precio. “No veo nada especial en ella”. Su inter- locutor era de la misma opinión: “No tiene ningún valor”, le oí decir. Pero el hombre tomó la joya en su mano y la conservó un instante en su puño cerrado. Cuando abrió la mano, la piedra resplandecía con los colores del arco iris. Maravillado, me acerqué. “¿Cómo es posible?” le pregunté.

“Es un ópalo”, me explicó solícitamente, “y es una de las piedras llamadas sensibles. Necesita ser tocada por una mano cálida para resplandecer con todo su brillo”.

Fortalecidos por el poder de Dios, los cristianos más débiles reciben la fuerza de la fe, que es una alabanza al Señor y que tiene un valor indescriptible para la iglesia de Cristo. Quiera el Señor hacer de cada uno de nosotros una piedra tal!