domingo, 6 de julio de 2014

Se oye lluvia

“Se nos presentan importantes lecciones en este incidente de Elías. Cuando estuvo en la cima del monte Carmelo y ofreció oración suplicando lluvia, su fe fue probada, pero perseveró en hacer conocer su pedido a Dios. Seis veces oró fervientemente, sin señal de que su petición fuera concedida, pero con una fe fuerte continuó suplicando al trono de la gracia. Si se hubiera desanimado la sexta vez, su oración no hubiera recibido respuesta, pero él perseveró hasta que llegó la contestación. Tenemos un Dios cuyo oído no está cerrado a nuestras peticiones; y si probamos su palabra, honrará nuestra fe. Desea que todos nuestros intereses estén entretejidos con los suyos, y entonces puede bendecirnos con toda seguridad; porque no nos adjudicaremos la gloria al recibir la bendición, sino que tributaremos toda la alabanza a Dios” (Hijos e Hijas de Dios, pág. 208).

El mensaje del Señor para el rey

1. ¿Qué había declarado el profeta Elías al apostata rey Acab cuando ningún otro medio había llevado a cabo el arrepentimiento y conversión de él y del pueblo de Israel?

1 Reyes 17:1 Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

“Sólo había un remedio para el castigado Israel, y consistía en que se apartase de los pecados que habían atraído sobre él la mano castigadora del Todopoderoso, y que se volviese al Señor de todo su corazón. Se le había hecho esta promesa: ‘Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre los cuales mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra’ (2 Crónicas 7:13, 14). Con el fin de obtener este resultado bienaventurado, Dios continuaba privándolos de rocío y lluvia hasta que se produjese una reforma decidida” (Profetas y Reyes, pág. 93).

La sequía se vuelve crítica

2. Sin lluvia en ninguna parte de la tierra, ¿cuán difícil se les hacia encontrar pasto para el ganado después de tres años?

1 Reyes 17: 7 Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

1 Reyes 18:3, 5 Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso de Jehová. 5Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las mulas, para que no nos quedemos sin bestias.

“Durante los largos años de sequía y hambre, Elías rogó fervientemente que el corazón de Israel se tornase de la idolatría a la obediencia a Dios. Pacientemente aguardaba el profeta mientras que la mano del Señor apremiaba gravosamente la tierra castigada. Mientras veía multiplicarse por todos lados las manifestaciones de sufrimiento y escasez, su corazón se agobiaba de pena y suspiraba por el poder de provocar una presta reforma. Pero Dios mismo estaba cumpliendo su plan, y todo lo que su siervo podía hacer era seguir orando con fe y aguardar el momento de una acción decidida” (Profetas y Reyes, pág. 97).

“Israel había tenido abundantes ocasiones de regocijarse. La tierra a la cual el Señor le había llevado fluía leche y miel. Durante las peregrinaciones por el desierto, Dios le había asegurado que lo conducía a un país donde nunca necesitaría sufrir por falta de lluvia. ‘Esto era lo que le había dicho: “La tierra a la cual entras para poseerla…” ’ ‘es tierra de montes y de vegas; de la lluvia del cielo ha de beber las aguas….’

“La promesa de una abundancia de lluvia les había sido dada a condición de que obedeciesen” (Profetas y Reyes, pág. 99).

Elías buscó por todas partes

3. ¿Dónde buscaban a Elías sin resultado? Finalmente, ¿qué tarea recibió Elías de Dios? ¿Qué mensaje de esperanza fue incluido en el aviso dado a Acab?

1 Reyes 18:10 Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho jurar que no te han hallado.

1 Reyes 18:1 Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra.

“La predicción de Elías recibía un cumplimiento terrible. Durante tres años, el mensajero que había anunciado la desgracia fue buscado de ciudad en ciudad y de nación en nación. A la orden de Acab, muchos gobernantes habían jurado por su honor que no podían encontrar en sus dominios al extraño profeta. Sin embargo, la búsqueda había continuado; porque Jezabel y los profetas de Baal aborrecían a Elías con odio mortal, y no escatimaban esfuerzo para apoderarse de él. Y mientras tanto no llovía” (Profetas y Reyes, pág. 100).

“Obedeciendo a la orden, ‘fué pues Elías a mostrarse a Acab.’ Más o menos cuando el profeta emprendió su viaje a Samaria, Acab había propuesto a Abdías, gobernador de su casa, que hiciesen una cuidadosa búsqueda de los manantiales y arroyos, con la esperanza de hallar pasto para sus rebaños hambrientos. Aun en la corte real se hacía sentir agudamente el efecto de la larga sequía. El rey, muy preocupado por lo que esperaba a su casa, decidió unirse personalmente a su siervo en busca de algunos lugares favorecidos donde pudiese obtenerse pasto” (Profetas y Reyes, pág. 100).

Apelación al pueblo apostata

4. ¿Con quién se encontró Elías primero y qué se le indicó hacer? ¿Cuán poderoso fue el mensaje que el profeta le dio al rey que el pueblo se reunió en el Monte Carmelo?

1 Reyes 18:15, 16, 19-21 Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy me mostraré a él. 16Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías. 19Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel. 20Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.

“Con asombro mezclado de terror, el rey oyó el mensaje enviado por el hombre a quién temía y aborrecía, a quien había buscado tan incansablemente. Bien sabía que Elías no expondría su vida con el simple propósito de encontrarse con él. ¿Sería posible que el profeta estuviese por proclamar otra desgracia contra Israel? El corazón del rey se sobrecogió de espanto. Recordó cómo se había desecado el brazo de Jeroboam. Acab no podía dejar de obedecer a la orden, ni se atrevía a alzar la mano contra el mensajero de Dios. De manera que, acompañado por una guardia de soldados, el tembloroso monarca se fué al encuentro del profeta.

“Este y el rey se hallan por fin frente a frente. Aunque Acab rebosa de odio apasionado, en la presencia de Elías parece carecer de virilidad y de poder. En las primeras palabras que alcanza a balbucir: ‘¿Eres tú el que alborotas a Israel?’ revela inconscientemente los sentimientos más íntimos de su corazón. Acab sabía que se debía a la palabra de Dios que los cielos se hubiesen vuelto como bronce, y sin embargo procuraba culpar al profeta de los gravosos castigos que apremiaban la tierra….

“Es natural que el que obra mal tenga a los mensajeros de Dios por responsables de las calamidades que son el seguro resultado que produce el desviarse del camino de la justicia. Los que se colocan bajo el poder de Satanás no pueden ver las cosas como Dios las ve” (Profetas y Reyes, pág. 102).

El anuncio de la lluvia inminente

5. Confiando plenamente en el mensaje de Dios, ¿qué le dijo Elías al rey? ¿Qué oración sincera presentó el profeta al Señor por la lluvia?

1 Reyes 18:41, 42 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. 42Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las

“Elías se humilló a sí mismo, hasta que estuvo en una condición tal que no se atribuiría la gloria a sí mismo. Esta es la condición bajo la cual Dios oye la oración, porque entonces le daremos a él la alabanza. … Únicamente Dios es digno de ser glorificado” (Nuestra Elevada Vocación, pág. 135).

“El que Elías pudiese invitar confiadamente a Acab a que se preparase para la lluvia no se debía a que hubiese evidencias externas de que estaba por llover. El profeta no veía nubes en los cielos; ni oía truenos. Expresó simplemente las palabras que el Espíritu del Señor le movía a decir en respuesta a su propia fe poderosa. Durante todo el día, había cumplido sin vacilar la voluntad de Dios, y había revelado su confianza implícita en las profecías de la palabra de Dios; y ahora, habiendo hecho todo lo que estaba a su alcance, sabía que el Cielo otorgaría libremente las bendiciones predichas. El mismo Dios que había mandado la sequía había prometido abundancia de lluvia como recompensa del proceder correcto; y ahora Elías aguardaba que se derramase la lluvia prometida. En actitud humilde, ‘su rostro entre las rodillas,’ suplicó a Dios en favor del penitente Israel” (Profetas y Reyes, pág. 114).

Confianza en la respuesta del Señor

6. Estando seguro de que el mensaje del Señor se cumpliría, ¿qué le dijo Elías a su siervo cuando aún no había señal de lluvia? ¿Qué ocurrió en cumplimiento de la palabra de Dios?

1 Reyes 18:43-45 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. 44A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. 45Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.

“Seis veces el siervo volvió diciendo que no había señal de lluvia en los cielos que parecían de bronce. Sin desanimarse, Elías le envió nuevamente; y esta vez el siervo regresó con la noticia: ‘Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube de la mar.’

“Esto bastaba. Elías no aguardó que los cielos se ennegreciesen. En esa pequeña nube, vio por fe una lluvia abundante y de acuerdo a esa fe obró…. Mientras oraba, su fe se aferraba a las promesas del Cielo; y perseveró en su oración hasta que sus peticiones fueron contestadas. No aguardó hasta tener la plena evidencia de que Dios le había oído, sino que estaba dispuesto a aventurarlo todo al notar la menor señal del favor divino. Y sin embargo, lo que él pudo hacer bajo la dirección de Dios, todos pueden hacerlo en su esfera de actividad mientras sirven a Dios…” (Profetas y Reyes, pág. 115).

Una experiencia inolvidable

7. ¿Qué tan bien conocido es este evento? ¿Qué enseña acerca de la fe y la oración?

Santiago 5:17, 18 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

“Una fe tal es lo que se necesita en el mundo hoy, una fe que se aferre a las promesas de la palabra de Dios, y se niegue a renunciar a ellas antes que el Cielo oiga. Una fe tal nos relaciona estrechamente con el Cielo, y nos imparte fuerza para luchar con las potestades de las tinieblas. Por la fe los hijos de Dios ‘ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos de extraños’ (Hebreos 11:33, 34). Y por la fe hemos de llegar hoy a las alturas del propósito que Dios tiene para nosotros. ‘Si puedes creer, al que cree todo es posible’ (Marcos 9:23)” (Profetas y Reyes, pág. 115).

Para meditación

¿Qué es esencial para obtener la victoria cuando enfrentamos la oposición mas fuerte?

¿Es posible para Dios ayudarnos, incluso con el uso de la naturaleza cuando la apostasía debe ser enfrentada?

¿Qué gran promesa se hace a aquellos que piden de acuerdo a la voluntad de Dios y para su honra?

Estudio adicional: La Educación, pág. 151; Profetas y Reyes, págs. 115, 116.

“El Señor aborrece la indiferencia y la deslealtad en tiempo de crisis para su obra. Todo el universo contempla con interés indecible las escenas finales de la gran controversia entre el bien y el mal. Los hijos de Dios se están acercando a las fronteras del mundo eterno; ¿qué podría resultar de más importancia para ellos que el ser leales al Dios del cielo? A través de los siglos, Dios ha tenido héroes morales; y los tiene ahora en aquellos que, como José, Elías y Daniel, no se avergüenzan de reconocerse como su pueblo particular. La bendición especial de Dios acompaña las labores de los hombres de acción que no se dejan desviar de la línea recta ni del deber, sino que con energía divina preguntan: ‘¿Quién es de Jehová?’ (Éxodo 32:26). Son hombres que no se conforman con hacer la pregunta, sino que piden a quienes decidan identificarse con el pueblo de Dios que se adelanten y revelen inequívocamente su fidelidad al Rey de reyes y Señor de señores. Tales hombres subordinan su voluntad y sus planes a la ley de Dios. Por amor hacia él, no consideran preciosa su vida. Su obra consiste en recibir la luz de la Palabra y dejarla resplandecer sobre el mundo en rayos claros y constantes. Su lema es ser fieles a Dios” (Profetas y Reyes, pág. 108).

Viuda, pobre y servicial

“Esa mujer [la viuda de Sarepta] no era israelita. Nunca había gozado de los privilegios y bendiciones que había disfrutado el pueblo escogido por Dios; pero creía en el verdadero Dios, y había andado en toda la luz que resplandecía sobre su senda. De modo que cuando no hubo seguridad para Elías en la tierra de Israel, Dios le envió a aquella mujer para que hallase asilo en su casa” (Profetas y Reyes, pág. 94).

Un mensaje que también afecta al mensajero

1. ¿Qué mensaje severo del Señor le dio Elías a Acab, el rey apostata de Israel? ¿Cómo le fue posible al profeta declarar que no habría lluvia sino por su palabra?

1 Reyes 17:1 Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

“El alma fiel de Elías estaba afligida. Se despertó su indignación y sintió celo por la gloria de Dios. Vio que Israel se había hundido en una apostasía terrible. Y cuando recordó las grandes cosas que Dios había hecho por ellos, se sintió abrumado de tristeza y asombro. Pero todo esto fue olvidado por la mayoría de las personas. Fue ante el Señor y, con su alma atormentada de angustia, le rogó que salvara a su pueblo, si fuera necesario mediante juicios. Le suplicó a Dios que retirara de su pueblo ingrato el rocío y la lluvia, los tesoros del cielo, para que el Israel apóstata pudiera esperar en vano que sus dioses, sus ídolos de oro, madera y piedra, el sol, la luna y las estrellas, regaran y enriquecieran la tierra, y la hicieran producir abundantemente. El Señor le dijo a Elías que había oído su oración y que retiraría el rocío y la lluvia de su pueblo hasta que ellos se volvieran a él con arrepentimiento” (Testimonios para la Iglesia, tomo 3, pág. 291).

Aislamiento y protección

2. Como el profeta estaría en peligro después de esta declaración, ¿qué instrucción le dio el Señor? ¿Cuánto tiempo permaneció Elías junto al arroyo de Querit, confiando plenamente en Dios?

1 Reyes 17:2-6 Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: 3Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 4Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. 5Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. 6Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la  tarde; y bebía del arroyo.

“Fue tan sólo por su fe poderosa en el poder infalible de la palabra de Dios cómo Elías entregó su mensaje. Si no le hubiese dominado una confianza implícita en Aquel a quien servía, nunca habría comparecido ante Acab…. Creía firmemente que Dios iba a humillar al apóstata Israel, y que los castigos inducirían a éste a arrepentirse. El decreto del Cielo había sido dado; no podía la palabra de Dios dejar de cumplirse; y con riesgo de su vida Elías cumplió intrépidamente su comisión. Como un rayo que bajara de un cielo despejado, el anunció del castigo inminente llegó a los oídos del rey impío; pero antes que Acab se recobrase de su asombro o formulara una respuesta, Elías desapareció tan abruptamente como se había presentado, sin aguardar para ver el efecto de su mensaje. Y el Señor fué delante de él, allanándole el camino. Se le ordenó al profeta: ‘Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Cerita, que está delante del Jordán; y beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer’.…

“Por un tiempo Elías permaneció escondido en las montañas donde corría el arroyo Cherit. Durante muchos meses se le proveyó milagrosamente de alimento” (Profetas y Reyes, págs. 89, 94).

Alguien en necesidad enviado a una viuda pobre

3. Cuando la sequía detuvo el flujo de agua, ¿dónde fue mandado Elías? ¿A quién se le pidió proveer para el profeta en ese momento difícil?

1 Reyes 17:7-9 Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra. 8Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: 9Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.

“El Señor sabía que no habría seguridad para su siervo entre los hijos de Israel. No lo pondría bajo la custodia del Israel apóstata, pero lo envió a encontrar refugio en una nación pagana. Lo guió a la casa de una mujer viuda, que estaba en tal pobreza que apenas podía sostenerse con vida con la comida más escasa. Una mujer pagana que vivía a la altura de la mejor luz que tenía, estaba en una condición más aceptable ante Dios que las viudas de Israel, que habían sido bendecidas con privilegios especiales y gran luz, y que sin embargo no vivían de acuerdo con la luz que Dios les había dado. Como los hebreos habían rechazado la luz, fueron dejados en tinieblas, y Dios no confiaría a su siervo entre su pueblo que había provocado la ira divina” (Testimonios para la Iglesia, tomo 3, pág. 304).

4. ¿Cuán limitado era el suministro de alimentos de la viuda? ¿Qué situación desesperante se reveló a Elías con su respuesta? 

1 Reyes 17:10-12 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.

“En ese hogar azotado por la pobreza, el hambre apremiaba; y la escasa pitanza parecía a punto de agotarse. La llegada de Elías en el mismo día en que la viuda temía verse obligada a renunciar a la lucha para sustentar su vida, probó hasta lo sumo la fe de ella en el poder del Dios viviente para proveerle lo que necesitaba” (Profetas y Reyes, pág. 94).

Pagana, pero dispuesta a creer y obedecer

5. ¿Estaba dispuesta la viuda de Sarepta a proveer comida y agua para el siervo del Señor? Cuando Elías repitió su pedido y simultáneamente le dio la promesa de Dios, ¿rechazó el mensaje divino o lo creyó?

1 Reyes 17:13, 14 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. 14Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.

“Pero aun en su extrema necesidad, reveló su fe cumpliendo la petición  del forastero que solicitaba compartir con ella su último bocado” (Profetas y Reyes, pág. 94).

La respuesta inmediata del Señor

6. Cuando ella creyó y obedeció la palabra de Dios por fe, ¿qué milagro ocurrió cada día por mucho tiempo? Si esto ocurrió con una mujer pagana, ¿qué hará Dios por cada creyente?

1 Reyes 17:15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.

Mientras que algunas versiones de la Biblia traducen la expresión en este versículo como “días” o “por muchos días”, otras versiones utilizan la última frase de 1 Reyes 17:15 como “durante todo un año,” lo que indica que la viuda y su familia tenían alimentos por un tiempo

“No podría haberse exigido mayor prueba de fe. Hasta entonces la viuda había tratado a todos los forasteros con bondad y generosidad. En ese momento, sin tener en cuenta los sufrimientos que pudiesen resultar para ella y su hijo, y confiando en que el Dios de Israel supliría todas sus necesidades, dio esta prueba suprema de hospitalidad obrando ‘como le dijo Elías’ ” (Profetas y Reyes, pág. 95).

“El mismo Dios que cuidó a Elías en tiempo de hambre, no dejará abandonado a ninguno de sus hijos abnegados. El que tiene contados los cabellos de las cabezas de sus hijos, los cuidará y los sustentará en el día cuando haya hambre. Mientras los malvados perezcan a su alrededor por falta de pan, su pan y su agua estarán seguros. Los que sigan aferrándose a su tesoro terrenal, y no dispongan en forma adecuada de lo que Dios les ha prestado, perderán su tesoro en el cielo y también la vida eterna” (Testimonios para la Iglesia, tomo 1, pág. 161).

7. A pesar de la carga adicional de la presencia del profeta que aumentó el número de personas en la casa, ¿qué ocurrió con las reservas de comida de la viuda? Según las palabras de Jesús, ¿por qué fue enviado Elías a una viuda en un país pagano?

1 Reyes 17:16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.

Lucas 4:23-26 Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. 24Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. 25Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.

“Admirable fue la hospitalidad manifestada al profeta de Dios por esta mujer fenicia, y admirablemente fueron recompensadas su fe y generosidad. ‘Y comió él, y ella y su casa, muchos días. Y la tinaja de la harina no escaseó, ni menguó la botija del aceite, conforme a la palabra de Jehová que había dicho por Elías’ ” (Profetas y Reyes, pág. 95).

8. ¿Qué lección maravillosa podemos aprender de la fe de esta mujer? ¿Deseas aplicar el principio enseñado por el Salvador?

Lucas 6:38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.

Mateo 10:41 El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá.

“La viuda de Sarepta compartió su poco alimento con Elías; y en pago, fué preservada su vida y la de su hijo. Y a todos los que, en tiempo de prueba y escasez, dan simpatía y ayuda a otros más menesterosos, Dios ha prometido una gran bendición. El no ha cambiado. Su poder no es menor hoy que en los días de Elías. No es menos segura que cuando fue pronunciada por nuestro Salvador esta promesa: ‘El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá’ (Mateo 10:41)” (Profetas y Reyes, pág. 96).

Para meditación

¿Qué se puede ver en la providencia de Dios para Elías al principio, sin interacción con las personas?

¿Estaba el Señor probando solamente al rey Acab y a los israelitas o a su siervo también?

Aunque la viuda era pobre en bienes materiales, en que sentido era ella rica?

Estudio adicional: Proverbios 19:17; Lucas 6:38.

“Aquí está la recompensa para los que se sacrifican por Dios. Reciben cien veces más en esta vida y también heredarán la vida eterna. “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”. Se me mostró  aquellos que reciben la verdad pero no viven de acuerdo con ella. Se aferran a sus posesiones y no están dispuestos a distribuir parte de sus bienes para hacer progresar la causa de Dios. No tienen fe para aventurarse y confiar en Dios. Su amor a este mundo absorbe su fe. Dios pide una parte de sus bienes, pero ellos no le obedecen. Razonan que han trabajado duramente para obtener lo que poseen, de modo que no pueden prestarlo al Señor, porque temen padecer necesidad. ‘Hombres de poca fe’ (Lucas 12:28). El mismo Dios que cuidó a Elías en tiempo de hambre, no dejará abandonado a ninguno de sus hijos abnegados. El que tiene contados los cabellos de las cabezas de sus hijos, los cuidará y los sustentará en el día cuando haya hambre. Mientras los malvados perezcan a su alrededor por falta de pan, su pan y su agua estarán seguros. Los que sigan aferrándose a su tesoro terrenal, y no dispongan en forma adecuada de lo que Dios les ha prestado, perderán su tesoro en el cielo y también la vida eterna” (Testimonios para la Iglesia, tomo 1, pág. 161).

“Como Moisés en el desierto del Sinaí, como David entre las colinas de Judea, o Elías a orillas del arroyo de Carit, los discípulos necesitaban apartarse del escenario de su intensa actividad, para ponerse en comunión con Cristo, con la naturaleza y con su propio corazón” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 327).

Recibido por Fe y dedicado a Dios

“A toda madre se le confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente valiosos. El humilde conjunto de deberes que las mujeres han llegado a considerar como una tarea tediosa debiera ser mirado como una obra noble y grandiosa. La madre tiene el privilegio de beneficiar al mundo por su influencia, y al hacerlo impartirá gozo a su propio corazón. A través de luces y sombras, puede trazar sendas rectas para los pies de sus hijos, que los llevarán a las gloriosas alturas celestiales. Pero sólo cuando ella procura seguir en su propia vida el camino de las enseñanzas de Cristo, puede la madre tener la esperanza de formar el carácter de sus niños de acuerdo con el modelo divino. El mundo rebosa de influencias corruptoras. Las modas y las costumbres ejercen sobre los jóvenes una influencia poderosa. Si la madre no cumple su deber de instruir, guiar y refrenar a sus hijos, éstos aceptarán naturalmente lo malo y se apartarán de lo bueno. Acudan todas las madres a menudo a su Salvador con la oración: ‘¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?’ Cumpla ella las instrucciones que Dios dio en su Palabra, y se le dará sabiduría a medida que la necesite” (Patriarcas y Profetas, pág. 618).

Un matrimonio sin progenie

1. ¿Por qué Ana estaba triste, aunque estaba casada y su marido la amaba tiernamente? ¿Cómo podemos entender su problema?

1 Samuel 1:2, 4-6 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. 4Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. 5Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. 6Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos.

“Elcana, un levita del monte de Efraín, era hombre rico y de mucha influencia, que amaba y temía al Señor. Su esposa, Ana, era una mujer de piedad fervorosa. De carácter amable y modesto, se distinguía por una seriedad profunda y una fe muy grande.

“A esta piadosa pareja le había sido negada la bendición tan vehementemente deseada por todo hebreo. Su hogar no conocía la alegría de las voces infantiles; y el deseo de perpetuar su nombre había llevado al marido a contraer un segundo matrimonio, como hicieron muchos otros. Pero este paso, inspirado por la falta de fe en Dios, no significó felicidad. Se agregaron hijos e hijas a la casa; pero se había mancillado el gozo y la belleza de la institución sagrada de Dios, y se había quebrantado la paz de la familia. Peninna, la nueva esposa, era celosa e intolerante, y se conducía con mucho orgullo e insolencia. Para Ana, toda esperanza parecía estar destruida, y la vida le parecía una carga pesada; no obstante, soportaba la prueba con mansedumbre y sin queja alguna” (Patriarcas y Profetas, pág. 614).

Tristeza y dolor

2. ¿Qué pasaba cada año cuando Elcana, el esposo, y su familia iban a la casa del Señor? En vez de ser una ocasión de felicidad y gratitud, ¿en qué se convirtieron la visitas a la casa de oración?

1 Samuel 1:3, 7, 8 Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. 7Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. 8Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

“Aun en medio de las sagradas festividades relacionadas con el servicio de Dios, se hacía sentir el espíritu maligno que afligía su hogar. Después de presentar las ofrendas, participaba toda la familia en un festín solemne aunque placentero. En esas ocasiones, Elcana daba a la madre de sus hijos una porción para ella y otra para cada uno de sus hijos; y en señal de consideración especial para Ana, le daba a ella una porción doble, con lo cual daba a entender que su afecto por ella era el mismo que si le hubiera dado un hijo. Entonces la segunda esposa, encendida de celos, reclamaba para sí la preferencia como persona altamente favorecida por Dios, y echaba en cara a Ana su condición de esterilidad como evidencia de que desagradaba al Señor. Esto se repitió año tras año hasta que Ana ya no lo pudo soportar. Siéndole imposible ocultar su dolor, rompió a llorar desenfrenadamente y se retiró de la fiesta. En vano trató su marido de consolarla diciéndole: ‘Anna, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?’ “ (Patriarcas y Profetas, pág. 614).

La oración de fe

3. En profunda angustia de alma, llorando desconsoladamente, ¿qué oración exclamó Ana delante del Señor? ¿Qué voto hizo de todo corazón?

Samuel 1:9-11 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10 lla con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

“Ana no emitió reproche alguno. Confió a Dios la carga que ella no podía compartir con ningún amigo terrenal. Fervorosamente pidió que él le quitase su oprobio, y que le otorgase el precioso regalo de un hijo para criarlo y educarlo para él. Hizo un solemne voto, a saber, que si le concedía lo que pedía, dedicaría su hijo a Dios desde su nacimiento. Ana se había acercado a la entrada del tabernáculo, y en la angustia de su espíritu, ‘oró a Jehová, y lloró abundantemente’. Pero hablaba con el Señor en silencio, sin emitir sonido alguno” (Patriarcas y Profetas, pág. 615).

4. ¿Comprendió Elí, el sumo sacerdote en ese tiempo, que ella estaba abriendo su corazón al Señor? ¿Qué bendición pronunció cuando se dio cuenta de su oración ferviente?

1 Samuel 1:12-17 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino. 15Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora. 17Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.

“Rara vez se presenciaban semejantes escenas de adoración en aquellos tiempos de maldad. En las mismas fiestas religiosas eran comunes los festines irreverentes y hasta las borracheras; y Elí, el sumo sacerdote, observando a Ana, supuso que estaba ebria. Con la idea de dirigirle un merecido reproche, le dijo severamente: ‘¿Hasta cuándo estarás borracha? digiere tu vino’.

“Llena de dolor y sorprendida, Ana le contestó suavemente: ‘No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajaba de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por una mujer impía: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora’.

“El sumo sacerdote se conmovió profundamente, porque era hombre de Dios; y en lugar de continuar reprendiéndola pronunció una bendición sobre ella: ‘Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho’ ” (Patriarcas y Profetas, págs. 615, 616).

La respuesta del Señor a su oración

5. ¿Qué promesa acompaña las oraciones de fe? ¿Se cumplió esta promesa en el caso de la oración sincera de Ana?

Marcos 11:24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

1 Samuel 1:18-20 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste. 19Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella. 20Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

“Le fue otorgado a Ana lo que había pedido; recibió el regalo por el cual había suplicado con tanto fervor. Cuando miró al niño, lo llamó Samuel, ‘demandado de Dios’ ” (Patriarcas y Profetas, pág. 616.)

“Esta responsabilidad recae principalmente sobre la madre, que con su sangre vital nutre al niño y forma su armazón física, le comunica también influencias intelectuales y espirituales que tienden a formar la inteligencia y el carácter. Jocabed, la madre hebrea de fe robusta y que no temía ‘el mandamiento del rey’ (Hebreos 11:23), fue la mujer de la cual nació Moisés, el libertador de Israel. Ana, la mujer que oraba, abnegada y movida por la inspiración celestial, dio a luz a Samuel, el niño instruido por el Cielo, el juez incorruptible, el fundador de las escuelas sagradas de Israel. Elisabet, la parienta de María de Nazaret y animada del mismo espíritu que ésta, fue madre del precursor del Salvador” (El Ministerio de Curación, pág. 287).

Recibido y consagrado al Señor

6. Después que nació el niño, ¿se olvidó Ana o recordó el voto que hizo? Aún cuando el niño era pequeño, ¿dónde llevaron los padres a Samuel?

1 Samuel 1:24-26 Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño. 25Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí. 26Y ella dijo: !!Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová.

“Al trabajar por vuestros hijos, valeos del gran poder de Dios. Confiad vuestros hijos al Señor en oración. Obrad por ellos fervorosa e incansablemente. Dios oirá vuestras oraciones y los atraerá a sí mismo. Luego, en el último gran día, podréis presentarlos a Dios diciendo: ‘He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová’.

“Cuando Samuel reciba la corona de gloria, la mecerá delante del trono para rendir honor, y reconocerá con gozo que las lecciones que su madre le dio fielmente por los méritos de Cristo le coronaron de gloria inmortal.

“Nunca apreciará el mundo la obra de los padres prudentes, pero cuando sesione el juicio y se abran los libros, esa obra se verá como Dios la ve y será recompensada delante de hombres y ángeles. Se verá que un hijo criado fielmente fue una luz en el mundo. Velar sobre la formación del carácter de ese hijo costó lágrimas, ansiedad y noches de insomnio, pero la obra se hizo sabiamente, y los padres oyen al Maestro decir: ‘Bien, buen siervo y fiel’ ” (El Hogar Cristiano, págs. 385, 386).

7. ¿Cuán agradecida estaba Ana por la gracia que ella había recibido? ¿A quién dedicaron ella y su esposo el niño que había sido recibido por gracia? ¿Dónde comenzó a servir Samuel cuando era muy joven?

1 Samuel 1:27, 28; 2:11 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová. 2:11Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.

“Tan pronto como el niño tuvo suficiente edad para ser separado de su madre, cumplió ella su voto. Amaba a su pequeñuelo con toda la devoción de que es capaz un corazón de madre; día tras día, mientras observaba su crecimiento, y escuchaba su parloteo infantil, sus afectos lo enlazaban cada vez más íntimamente. Era su único hijo, el don especial del Cielo, pero lo había recibido como un tesoro consagrado a Dios, y no quería privar al Dador de lo que le pertenecía” (Patriarcas y Profetas, pág. 616).

“De Silo, Ana regresó quedamente a su hogar en Ramatha, dejando al niño Samuel para que, bajo la instrucción del sumo sacerdote, se le educase en el servicio de la casa de Dios. Desde que el niño diera sus primeras muestras de inteligencia, la madre le había enseñado a amar y reverenciar a Dios, y a considerarse a sí mismo como del Señor. Por medio de todos los objetos familiares que le rodeaban, ella había tratado de dirigir sus pensamientos hacia el Creador. Cuando se separó de su hijo no cesó la solicitud de la madre fiel por el niño. Era el tema de las oraciones diarias de ella. Todos los años le hacía con sus propias manos un manto para su servicio; y cuando subía a Silo a adorar con su marido, entregaba al niño ese recordatorio de su amor. Mientras la madre tejía cada una de las fibras de la pequeña prenda rogaba a Dios que su hijo fuese puro, noble, y leal. No pedía para él grandeza terrenal, sino que solicitaba fervorosamente que pudiese alcanzar la grandeza que el cielo aprecia, que honrara a Dios y beneficiara a sus conciudadanos” (Patriarcas y Profetas, pág. 617).

8. ¿Por qué están estas experiencias con el Señor registradas en las Escrituras? Cuándo recibes niños del Señor, ¿deseas consagrarlos a Él, como lo hicieron Ana y Elcana?

1 Corintios 10:6 primera parte, 11 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros,… 11Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.

Romanos 15:4 Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

“Cada mañana consagraos a Dios con vuestros hijos” (Testimonios para la Iglesia, tomo 7, pág. 46).

“Los que obtienen un conocimiento de la voluntad de Dios, y practican la enseñanza de su palabra, se encontrarán fieles en cualquier posición de confianza que puedan ser colocados. Padres, consideren esto y coloquen a sus hijos donde puedan ser educados con los principios de la verdad, donde cada esfuerzo será hecho para ayudarles a mantener su consagración, si convertidos, o si inconversos, a influirles a convertirse en hijos de Dios, y así prepararles a seguir adelante para ganar otros para la verdad” (Extractos de un artículo en Bible Echo para el 1 de septiembre de 1892; Fundamentals of Christian Education, pág. 205).

Para meditación

¿Cuántos del pueblo de Dios tienen el gran deseo de dedicar sus hijos al Señor, como lo hizo Ana?

¿Tenemos fe y espiritualidad para ayudar a nuestros hijos en su misión para Dios?

¿Qué ambiente constante en la familia ayuda a preparar a nuestros hijos para el servicio del Señor?

Estudio adicional: Éxodo 13:2; Isaías 8:18.

“[Samuel] era bondadoso, generoso, obediente y respetuoso…. Samuel era servicial y afectuoso, y ningún padre amó jamás a un hijo más tiernamente que Elí a este joven. Era cosa singular que entre el principal magistrado de la nación y un niño sencillo existiera tan cálido afecto. A medida que los achaques de la vejez le sobrevenían a Elí, … [él] buscaba consuelo en Samuel” (Patriarcas y Profetas, pág. 617).

“Enséñese a los jóvenes y niños a escoger para sí la vestidura real tejida en el telar del cielo, el ‘lino fino, limpio y resplandeciente’ que usarán todos los santos de la tierra. Se ofrece gratuitamente a todo ser humano esta vestidura, el carácter inmaculado de Cristo. Pero todos los que la reciban la han de recibir y usar aquí.

“Enséñese a los niños que al abrir la mente a los pensamientos puros y amantes, y al hacer algo útil y amable, se visten con el hermoso atuendo del carácter de Cristo. Ese traje les dará hermosura e influirá para que sean amados aquí, y más adelante será su título de admisión al palacio del Rey. Su promesa es: ‘Andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignos’ ” (La Educación, págs. 223, 224).